viernes 5 de febrero de 2010

Domingo en la madrugada.

Ejercicio de Ficción

Domingo mira sus manos. Son ellas lo que más conoce de sí mismo, con su rostro sólo se topa en el espejo. Son distintas a lo que eran hace un tiempo, unos años para ser más precisos. No se inquieta, le gusta comprobar en sus dedos, en sus uñas, que ha sabido usar el tiempo para transformar todo aquello que se ha opuesto a sus diminutas pero arraigadas convicciones (terminó por creer, después de haberse nombrado ateo de todos los posibles dioses, en algunas ideas sobre el mundo y los demás). Se siente bien en general mirando sus manos, pero la placentera sensación no dura mucho ya que irrumpe con la mañana un detestable cantar de pajaritos que desvía sus ideas por otros rumbos y Domingo se pregunta por un rumbo que lo inquieta sin una razón particular: "¿Dónde estará Daniela?"

Daniela fue Daniela a su lado por un tiempo, hace unos años para ser más precisos. No sabe qué lo lleva a ese recuerdo específico y no al de tantas otras mujeres en las que podría pensar, pero lo cautiva y dedica unos minutos a intentar componer a Daniela. El olor de su cuello, la sensación de la piel de su espalda, el sonido de sus enormes pestañas al cerrarse, de su enorme boca al sonreír, la intuición de sus firmes pasos y su pelo seco cerca. Pero no lo logra. Así que Domingo vuelve a mirar sus manos, extrañado, buscando en ellas lo que ha quedado de Daniela y ahí está.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Y punto.

Ser vanidoso, es ser ignorante.

viernes 27 de noviembre de 2009

N.

"¡¡¡Ahí!!!"

El grito de Gonzalo se escucha apagado por los árboles, la distancia y la noche. Su voz crece por la emoción. Marín y yo corremos por el camino delgado, intentando no tropezar con una raíz levantada, ajustando nuestras pertenencias al cuerpo para no perder lo poco que llevamos y el agua.

"¡Allá está!"

Gonzalo no para de gritar, siento como el calor llega a la cara, corremos más rápido, la angustiosa espera parece estar terminando, Marín grita para avisarle a Gonzalo que estamos llegando. La mochila roja de Gonzalo aparece, luego su pelo desordenado, luego su cuerpo flaco y muy peludo. Señala.

Lejos se ve un punto amarillo brillante, una lucesita pequeña como de barriga de cocuyo. Un norte.

sábado 3 de octubre de 2009

Ej.

Ejercicio de Personaje. Dos caracterísitcas: Escritor, inseguro.

Otra idea palpita en su cabeza. Nicolás toma un pedazo de papel de la basura y sus torpes manos lo desarrugan dejando caer el lápiz mordido, y algo húmedo en la punta, que se sostenía entre sus dedos. Viendo el lápiz en la basura, Nicolás toma una hermosa pluma negra que, hasta ahora, sólo ha sido el separador del libro “Los diez primeros pasos para escribir una novela”, y se pregunta si ha llegado el momento de estrenarla, si la ocasión lo vale, si alguien lo notará, si será demasiado pronto, si su abuela se sentirá defraudada si no usa la pluma para el regalo que le ha pedido en su cumpleaños número 85 en vez del lápiz, pequeño e insignificante, que siempre lo acompaña. Nicolás recoge el lápiz de la basura y le saca punta, el lápiz se hace más pequeño.

“No es suficientemente bueno” se dice Nicolás, atrapado entre miles de frases que no logra unir, miles de palabras sueltas que no parecen soportar el peso de la vieja y sus huesos frágiles. Invadido por la frustración y el desespero, cansado de dibujar en los bordes de las hojas las caras de los familiares ansiosos por escuchar lo que ha escrito para la abuela, Nicolás tira otra vez los papeles a la basura y apoya la cara contra el escritorio. Respira profundo y descansa. Levanta la mirada, decide hacer alguna otra cosa hasta que encuentre algo que lo satisfaga. Organizar su escritorio, sí, eso.

Toma una pila de papelitos, los separa por colores, los apila un color sobre otro y los destina a una esquina de su escritorio. Apaga la lámpara que da luz a su mesa de trabajo y la vuelve a prender para probar qué tal quedan los papelitos en ese lugar. No, no es el lugar para los papelitos. Ahora, los pequeños trozos azules, amarillos, verde pálido y rosa, se trasladan al lado del lugar que Nicolás ha destinado para sus gafas. Ahí, perfecto. Hace de nuevo el ejercicio de la lámpara, la apaga, la enciende de nuevo. Sonríe. Ese es el lugar.

Aliviado por algún extraño motivo, Nicolás toma una nueva hoja y escribe una frase. Le gusta. La relee. Le gusta. Escribe otra. Le gusta. Otra. Las relee todas. Respira fuerte. Las tacha todas. Se desespera de nuevo y pasa los papelitos a otra esquina.

miércoles 30 de septiembre de 2009

¿Vo F?

Pregunta de Verdadero o Falso.

Dice Mr. Verdoux

"Si se mata a una sola persona se es asesino. Si se mata a millones de hombres, se es un héroe."

"Mr. Verdoux", Charles Spencer Chaplin (1947)

Justifique su respuesta

martes 11 de agosto de 2009

Grito

Mita va por la calle con el pulso agitado y guardando un grito que tal vez tarde años en dejar salir. Recuerda el sonido de esa voz profunda que le resuena en los oídos mientras se acerca a la tienda a comprar galletas agridulces. “Tenés un problema”, le dice el tendero. Mita baja la mirada pensando que se ha vuelto tan transparente que hasta el tipo extranjero que hace poco vive en el barrio, y ahora trabaja en el tienda, se da cuenta del dolorcito agudo que se le ha instalado en el pecho. “Si ya sé” responde Mita. Miguel mira con desconcierto las pestañas largas de la chica a la que le faltan dos pesos para completar el dinero que necesita para pagar. "¿Entonces?" dice Miguel subiendo los hombros, seguro de que recibirá su dinero. “Siempre se pierde algo, ¿no?” dice Mita que se concentra en el suelo y piensa en los ojos que la entristecen. Miguel observa las galletas sin entender de qué habla la chica esta, que ahora ha hecho que un señor que quería comprar algo en la tienda, al ver la indecisión de Mita, se fuera sin dejar su dinero en los bolsillos del tendero. “Rara” piensa Miguel mientras Mita sale caminando con las galletas en la mano y sin pagar, segundos antes de correr tras ella y sus galletas robadas.

lunes 27 de julio de 2009

Tal vez no todo sean imanes, espejos o hilos y exista algo más.
Tal vez es posible que vos podás sacarme una flor de papel de la oreja izquierda, yo pueda entender una dirección dicha en una lengua extraña, picante y llena de tambores; y él pueda hacer un puente de fósforos sobre el abismo que nos separa y tu abuela sepa que serás el único sobreviviente de una peste púrpura y vos podás ver lo que no digo y alguien, tal vez, quiera dedicarme una mañana sin más interés que cocerme un hueco profundo del alma.
Tal vez, después de todo, haya algo más.

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Catalina.
Inquieta
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