martes, 18 de diciembre de 2007

Calzones blancos

Soy una mujer de vagas tendencias intelectuales. Lo siento, no lo he leído todo y no sé si quiera. Me gusta mirarme el ombligo y cedo el paso cuando van caminando muy rápido.
Vivo un poco por la belleza, un poco por el sol, un poco por la duda, por el ocio, por la deuda, porque toca, un poco porque quiero.
No me he sido totalmente fiel. Quisiera asegurar que puedo cumplir todas mis promezas, pero soy incapaz de decir barbaridades a conciencia.
Me he encontrado con la suerte y la fortuna como quien se encuentra los miembros de su hogar y no he sido culpable, solo receptiva.
Soy casi tan animal como cualquier otro, pero no tan libre. No, no tanto. Repito por vicio una misma cosa en distintas formas. Tengo algunas costuras mal hechas y no quepo en todas partes, pero puedo ser útil.
Me gusta enroscarme y acurrucarme después de que abro los ojos, cuando tengo sueño, cuando hay un rincón provocativo, cuando quiero que me quieran más.
No todo lo que siento se nota. Quisiera acostarme en una hamaca más amenudo. Quisiera no tener que acumular lo que escribo, pero no puedo, entre muchas otras cosas. Y quisera que los ventanales de mi edificio fueran más grandes.
Aunque la cerveza puede volverme barrigona, como Homero, siento un profundo cariño por ella. Suelo preocuparme por los colores que combinan y descubrir cada día más, que todos podrían combinar con todos.
No contesto al teléfono siempre que me llaman.
Y guardo secretos.

Jack

Jack viene silvando por la acera.

Jack a veces hace cosas que no quiere hacer. Hoy, le provocaría un poco de acción pero no tiene más que una situación lenta, un calor estático y un viejo que pinta las ruedas de su carreta con una brocha untada de pintura verde. Jack cierra un poco los ojos, los abre, da pasos en dirección al otro extremo del parque. Se tropieza. Se rompe la frente, un hombre con un perro viene a ayudarlo, sangra, corren, está en urgencias, le limpian la herida con un líquido caliente,le cosen la cabeza sin anestecia porque hay que suturar pronto,parece deshidratado, suda, está pálido,el hombre del perro se va, le deja una tarjeta, olvida su celular, vuelve por él, sale corriendo tras la saliva del perro, Jack está mareado, muy mareado, es mandado a casa con cuatro puntos en la cabeza, Jack vuelve a casa. Jack tiene que descansar. Sí. Tiene que descansar. Definitivamente tiene que descansar del día.

Jack silva de nuevo.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Sin culpa

Que sus ojos de cuento nunca se llenen de lágrimas, que sus manos de caricia nunca se cansen, nunca se detengan, que siempre sean recorridos los caminos de lunares, que sus labios de miel no sufran. Que su mirada noble se mantenga en alto, que sus tennis no paren de ensuciarse.

domingo, 28 de octubre de 2007

Riesgo

Silvia abrió los ojos y la luz que se filtraba por la cortina transparente que pretendía cubrir su ventana, se reflejaba en las sábanas blancas, las almohadas blancas, las paredes blancas de su habitación, y su piel blanca. Vio la maleta, ya con toda su ropa dentro, al lado del escritorio donde se notaba un sobre. En la cubierta, su dirección, su nombre y unos cuantos billetes con los que pretendía sortear los problemas que pudieran presentarse en el viaje.

Se levantó ansiosa, a pesar de que los ojos le ardían del cansancio. No era bueno estarse acostando tan tarde, pero no tenía otra opción. Tenía que dejar todo listo antes de partir.

Sonó el teléfono. Era su mamá. “Sí mamá, ya sé”. Repitió indicaciones, cuidados, direcciones a donde podría llegar, mandó un beso y colgó. Mamá lo había tomado bien, considerando que era mamá. Miró el teléfono después de colgar y llenó con aire sus pulmones. ¡Dios, no era fácil despedirse! Dudó, como era su costumbre. Se recordó que ella siempre hacía lo que quería su caprichoso instinto y marcó. Un pito largo. Una pausa. Otro pito largo. Otra pausa. Lástima, no estaba en casa.

Lamentó no poderle decir adiós, de nuevo, pero pensó que seguro así debía ser. Incluso alcanzó a imaginárselo llegando al muelle con una sonrisa y alguna frase romántica, pero después rió a carcajadas, haciéndose conciente de que él jamás haría algo así.

Se alistó con calma. Le gustaba tener tiempo para bañarse, para pensar. Se aseguró de que todo estuviera listo, de que no faltara nada entre sus documentos. Habló con Doña Ruth, ella estaría pendiente de su correo; su vecina le deseo mucha suerte y Silvia, revisó por última vez que el agua y las ventanas estuvieran cerradas. Todo en orden.

Llegó al puerto, examinó con atención a quienes viajarían con ella en el barco. No podía evitarlo, era una mala costumbre suya esa de analizar las prendas y los gestos de la gente. Hacía mucho calor, las señoras se abanicaban, los señores usaban sus sombreros para echarse aire, notaba las miradas brillantes de los hombres que buscaban compañía para los días que pasarían en el barco y a las mujeres que notaban sus miradas. El barco ya estaba retrasado porque debía llegar a la una y era la una y media, y el barco no estaba todavía en el muelle.

Era normal, ya lo sabía, pero quería abordarlo rápido y partir. No más explicaciones, ni tristezas acumuladas, ya quería irse, lo más pronto que pudiera, salir de su ciudad así fuera por un tiempo. La decisión no había sido fácil, pero una vez tomada, ella misma fue convenciéndose de que era lo mejor.

Las dos de la tarde resonaron en el reloj del puerto. Se hacía tarde y los pasajeros protestaban mientras se preguntaba unos a otros qué habría pasado. En el puesto de atención los empleados decían no tener idea de los motivos del retraso, pero aseguraban que llegaría pronto. Silvia perdía la paciencia, pero la recuperaba rápidamente diciéndose que ya sólo estaba a un paso de huir por fin.

A las cuatro, Silvia, sentada sobre su maleta empacada, con lágrimas en los ojos, decidió aceptarlo. El barco no llegaría.

martes, 23 de octubre de 2007

A ella?

Le pasó que un día cuando estaba pequeña se encontró con la penosa necesidad de hacer un nudo. Tenía que amarrarse los zapatos y no había otra forma de hacerlo, entonces debía saber hacer un nudo.

Al descubrirse en ese apuro, se sentaba largas horas en el patio de la casa de su abuela intendando enrredar las lanas con las que la anciana tejía una bufanda. Las acercaba mucho mucho, segura de que ellas solas iban a juntarse y a aparecer depronto unidas, sin poderse soltar. Intentaba también observar detenidamente a los mayores hacerlo, pero no lograba desentrañar el método correcto para hacer que luego no se deshciera el nudo. Cundo se rendía de intentar con los métodos convencionales, sacaba de debajo de la cama de su abuela una botella de Colombiana con un líquido que en la casa llamaban "agua bendita". Decían que hacía milagros, entonces ella empapaba las lanas metiéndolas hasta el fondo del recipiente, pero no pasaba nada.

Mamá llegó tarde una noche y la encontró dormida, con las lanas en las piernas. Casi que le dolía tener que despertarla para que se lavara los dientes y se pusiera el abrigo para irse de nuevo a casa, pero ya era tarde, había que apurarse. Mamá la llamó, la voltió, le dijo: "Hija, levántate y vámonos. Cuando cuente tres..." Mamá en el trajín, apretó sin querer las lanas y las devolvió a los manos de su hija, que quejándose se paraba de la cama.

Cuando abrió lo suficiente los ojos para ver que en sus manos, las fibras verdes y azules ya estaban trenzadas, comprendió de pronto el secreto. "Práctica" se dijo feliz. Nudo igual a práctica.

lunes, 22 de octubre de 2007

No, no puedo.

jueves, 11 de octubre de 2007

No es para vos

Que feo estás. No te sienta bien tanto egoismo que haz soportado. Seguro ya dejaste de prestarle atención a lo que comés y es una lástima porque estás flaco. Estás feo. Tus manos (que siempre admiré) tienen un tono verdoso...no, es la piel en general, color verde ceniza. No te cuidás los dientes, el pelo, el cuello de las camisetas. Hay que limpiarte la mirada. No sé si te haga falta un abrazo...es lo más seguro, pero ahora te ha dado por no recibirlos siquiera.

Una sonrisa pálida se asoma entre las camisuras de los labios. Saludás. Yo pienso que te falto y me faltás.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Usted es pedante

Se lo ruego, no se sienta interesante. Déjeme contarle un secreto: cualquiera pudo haberlo dicho. Entienda, no siempre que se habla hay que tratar de descubrir el sentido de la vida, porque... ¿sabe?, no lo sabremos. Deje de perder el tiempo callándome, se lo suplico. Es comprensible que divagar, suponer, inventar, discutir acerca de las gafas que se heredan no le resulte divertido, pero no me calle. Puede que jamás pronuncie las palabras que respondan a la pregunta que tanto se hace y desconzco, pero no asuma que yo balbuceo porque me regocijo en lo amplio y hermoso que es el mundo del discurso. Sí, a mí me sorprende el mundo y a usted no. Es una lástima. Pero no tiene que sugerirme cuando hacer silencio.

domingo, 23 de septiembre de 2007

NO ME GUSTA SER COBARDE

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Apolo

Al violín de Mr. Vengerov

Se ha enviciado usted con la tristeza? Es sumamente sencillo. Se cae fácilmente en sentir pena por lo oscuro que es el lado oscuro. Naranjo me enseñó, hace ya varios años, que el lado oscuro de la luna se llama Hécate. Hécate: sombra. Sombra recurrente, tentadora, negra, provacativa, fácil. Sin embargo, aprendí de Germán Castro Caicedo que a su vez hablaba de sus investigaciones acerca del color con Manzur, que el negro no existe. Tal vez el azul oscuro, muy oscuro, pero no hay negro ni en la noche negra. Tal vez violeta oscuro, muy oscuro, pero no negro. Es la luz la que nos deja ver, y sin luz no vemos y si hay luz no hay negro. Negro: ausencia de luz. Bibí me lo dijo: "Lo único que realmente existe es una mezcla constante entre melancolía y esperanza". Tal vez.

Sombra presumida y absurda, que no existes sin luz.

martes, 4 de septiembre de 2007

Acto fallido

-Qué es lo que querés?
-Que me escoja.
-Tiene que ser libre para poder escoger.
-Entonces, que sea libre.
-Entonces, no la amarrés.

lunes, 3 de septiembre de 2007

De trapo

A JenyU que me hizo creer en las segundas partes y a Naty que me hizo creer en los borradores.

Francisco se concentraba profundamente cuando encendía un cigarrillo. Juntaba demasiado las cejas, miraba el fuego detenidamente, ponía las manos, casi con cariño, a lado y lado de la llama bien de fósforo o de candela. Descansaba sintiendo el humo en la boca, en la garganta, en los pulmones, en el aire otra vez. No había visto a Amalia y se preguntaba si su padre se habría opuesto a que saliera de casa como ya era usual. “¿Dónde estará? “, se decía preocupado pensando en la cara asustadiza que tenía Amalia cuando caminaba sola en la calle. “No hay que dejar que se note el miedo. Si no dejás de caminar como si te estuvieran persiguiendo, van a pensar que escondés algo valioso, que tenés algo que te pueden quitar”. Ya se lo había explicado, pero era más que obvio que en una noche oscura como la que hacía, Amalia iba a tener los ojos en el suelo, en los extraños, en la espalda. “Seguro no me vio por estarme buscando”.

Una esquina, otra, otra, otra. “¿Dónde estará?, siempre está por aquí, ¿por qué no ha venido?”. Amalia empezaba a suponer que su compañía había dejado de interesar a Francisco. “Sí, es eso”. Suponía que sus historias encerradas, sus historias que no salían del balcón y el comedor, sus historias de su padre y de cómo su madre se había mudado en el sótano, debían resultarle aburridas a un flaco callejero. “Sí es eso”.

Se descuidó pensando, cerrando y abriendo los ojos frente a las luces de los carros para divertirse con las estrellitas fugaces que se alcanzaban a producir por la pobre entrada de luz que alcanzaba a la retina. Se escuchó su nombre. “¡Amalia!”. Ahí estaba. “Dejá de mirar el suelo cuando caminás, si no te parás debajo de la lámpara no te habría visto”. Un alivio torpe se acomodó en su pecho. Estaba a salvo.

Caminaron hasta una tienda con un enorme letrero rojo. “¿Nunca habías venido por aquí?”. La respuesta era obvia: No, nunca. Pero Francisco se divertía viendo a Amalia repetir que no sabía, que no había estado ahí, que no había visto. Le daba un cierto aire de superioridad, una excusa para disfrazar el dolor de haber tenido que saber, tenido que estar y tenido que ver tantas cosas que preferiría omitir.

A la reunión nocturna se había unido Calimán, un buen amigo de Francisco que robaba cuando tenía hambre y cuando no tenía nada más que hacer. “¿Y ella?”, preguntó el hombrecito con cara de nada a Francisco. “De confianza. Tranquilo”.

martes, 28 de agosto de 2007

Favor

Ángel de mi guarda
mi dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día...

martes, 21 de agosto de 2007

Borrador

¨ Hoy no tenés que cambiarte nada. Estás bien ¨. La miró con los ojos escrutadores de siempre, pero no hizo sugerencias ni dio órdenes. Se limitó a darle las llaves de la puerta y a decirle con rostro severo: ¨ No se demore, no camine sola ni en la sombra, no hable con extraños, no se quite el suéter ¨. Asintió. ¨ Tenga cuidado con la gente que parece demasiado amable, con los que son demasiado fríos; mire para atrás de vez en cuando para asegurarse de que no la persiguen y no se olvide de caminar derecha ¨. Asintió de nuevo. ¨ “Alerta! Así tiene que mantenerse ¨. ¨ Sí papá ¨. Antes de salir esperaba el alarido que llegaba desde la biblioteca, desde detrás de las gafas gruesas de su padre, desde el aliento pesado de su padre. ¨ Amalia!¨. Silencio. Cuídese por favor ¨.

Los ojos pálidos ya no sabían esconder el miedo cultivado y la ansiedad corroía la máscara que usaba para salir a la calle. No sabía desear porque los deseos que no eran pecado, eran absurdos o estupideces. Escuchaba de vez en cuando, en las cafeterías, las conversaciones ajenas y buscaba entre ellas alguna que incluyera un viaje, una travesía. Tenía imágenes mentales desde pueblos vecinos hasta continentes remotos, pero había salido de su casa únicamente para visitar a sus abuelos que vivían en un país en donde no conocía más que a sus parientes, así que su padre no tenía que preocuparse por las heridas que suponía podían alcanzar a su princesa de trapo.

Había conocido a Francisco no hacía mucho. Francisco no tenía nada que perder. Era un flaco sencillo, sin restricciones. Vivía entre la cocina de la casa de su mamá, y el estudio de la casa de su papá. Ambos lo surtían ocasionalmente de ropa, le daban plata cuando pedía y lo obligaban a almorzar con uno y otro, alternando cada quince días, para que recordara que a pesar de que papá y mamá no estaban juntos, lo querían de verdad. Francisco reía al escuchar las palabras que sabía de memoria y que parecían más una grotesca burla de la vida.

Amalia caminó muy rápido esa noche. Prefería caminar por los bordes de las calles, no subirse a las aceras para que si algo llegaba a pasar (si un sacolero decidía sacarle un puñal y amenazaba con apoderarse de sus vísceras) algún extraño bondadoso pudiera salir en su auxilio. Se sentía protegida por las luces rojas de las farolas que alcanzaban a cubrir el pavimento de la vía automovilística. Y esa noche no fue diferente.

Estaba perdida, caminando sobre las líneas blancas de la calle. Los zapatos de princesa estaban sucios, las suelas no eran apropiadas para caminar, las sombras le resultaban amenazantes y generaba uno tras otro, mapas de los puntos peligrosos de la ciudad, recitados por su padre como si fueran oraciones elevadas al Santo de su devoción. Los bordeaba todos, no se atrevía a cruzar, y Francisco no estaba con ella. Tenía que estar por ahí, pero no sabía donde. Entonces, saltaba con sus zapatos de princesa los charcos de agua sucia y petróleo, asegurándose que lo vería llegar en cualquier momento. " Dónde estoy metida? Por dónde dijo que estaría? Qué hago a esta hora por aquí?". Se atemorizaba escuchándose como su padre, y luego se disculpaba diciéndose que no era para menos, que así había sido educada.

lunes, 20 de agosto de 2007

Para este bonito puente

La vida tiene sus caminos, sus torbellinos y fuerzas. Mueve los límites, las mariposas, los vasos con Cocacola e incluso a los humanos, que empeñados en entender qué es lo que hay en el vórtice de una conspiración eólica a la que no sabemos siquiera como nombrar, perdemos el rumbo una y otra vez.

No me canso de repetir que tengo suerte, porque se me ha puesto en brazos acojedores, firmes, valientes, cálidos y frágiles. Cuento con compañías que escuchan y hablan sin pensar en el terrible vacío que hay entre mente y mente. Improviso camas con hierba húmeda y salgo a la noche fría a respirar estados de calma profunda. Tengo a mi lado una Violeta en crecimiento, arenas movedizas, arboles solos, genios, artistas. Y agradezco que los caminos me hayan traído hasta aquí. Presto mis alas a quien vuela conmigo, así sean apenas asomos de ilusión. Ofrezco incluso, un par de tijeras con qué cortar lo que pesa, para que vuelva a crecer, si es necesario.

lunes, 13 de agosto de 2007

Manos arriba!

Nadie suponga nada. No asuman que mis actos corresponden a intenciones ocultas. Son lo que parecen. A veces no soy clara. Seguro. La mayor parte del tiempo. Seguro. Pero soy absolutamente receptiva cuando de preguntas se trata.

sábado, 11 de agosto de 2007

Hay una casa roja al lado de un precipicio. Tiene a ambos lados, inmensos campos de flores pequeñas y amarillas que contrastan violentamente con el camino de piedras grises, aplastadas, enormes, que pasa al frente. La casa roja está ubicada en lo alto del pueblo. Alguien toca a la puerta. Nadie responde. Espera para no ser descortez. Toca de nuevo. Nadie responde.

Es martes por la tarde y las tiendas está vacías, todos están sentados en el atrio de la iglesia, esperando que se abran las puertas y el párroco decida qué hacer con los cuerpos. "Mínimo el cura también se murió", le dice a su esposa el hombre corpulento que luce unas ojeras enormes. "No se han escuchado gritos, no puede haberse muerto Joaquín", responde Ana en voz baja para que ningún vecino se alarme con las falsas suposiciones del pesimista que la acompaña. Los integrantes de la multitud parecen un jardín infantil que fue castigado en su totalidad por su mal comportamiento. Nadie ha dicho nada en más de dos horas pero el silencio se hace vulnerable con la impaciencia. "Yo digo que los echemos al río", "No, lo mejor es quemarlos!", pero las iniciativas no son acogidas. "Esperemos a ver qué dice el cura", "Ya ha pasado mucho tiempo, él tampoco sabe qué hacer!", "Tiene que saber, él es el que habla con Dios".

Habían pasado ya más de tres meses y la gente seguía muriendo. Dentro de las casas se escuchaban unos gritos terribles de horror, llegaban los vecinos, encontraban un cuerpo sobre el suelo con dos orificios, uno en cada clavícula, y un cadaver más. No eran seguidas las muertes, pero tampoco seguían un patrón temporal. No era cada viernes, ni después de misa, ni antes de la madrugada, ni día de por medio. Pero se habían presentado sin que nadie entendiera por qué. Los sospechosos cada vez eran más, a la vez todos debatían internamente entre sentirse inmunes o próximas víctimas.

Para comunicarse con la operadora, marque cero

Mi ordenador es más rápido que yo. No sé si soy Catalina o cato cuatro. Si vivo en Arizá o en gmail y hotmail. Si mi presencia virtual suplanta mi presencia física. No entiendo por qué se puede insultar a alguien cuando, al mismo tiempo, él o ella está almorzando o quemándose con un fósforo. Por su seguridad, su llamada será monitoreada. Me fastidia pasar una hora en un carro, terminar con la espalda molida y tener los músculos atrofiados. Me aburre el supuesto progreso y sin embargo escribo en un blog. Señorita, sería tan amable de darme su usuario y contraseña?. Me gusta esconderme pero no dejo el celular en la casa, y cuando se me queda, de todas maneras mando mi mano al bolsillo para ver la hora o escuchar a otro. Quiero quejarme de cómo necesito saber la hora para no meterme en problemas. Vamos a confirmar sus datos.Es cómico vernos hablar de manera vehemente acerca del tiempo, como si fueramos dignos siquiera de opinar sobre lo que el otro hace con su tiempo que es igual a lo que hace con su vida, como si por inventarnos un mecanismo para medir al sol el sol nos perteneciera más.

Gracias por esperar en la línea
.Los cuadernos escondidos debajo de la cama ahora son páginas públicas que todos podemos leer. Y qué pasa si quiero guardar un secreto? Qué pasa si quiero que otro guarde un secreto por mí? Lo sentimos, no creemos que podamos ayudarla. Por qué no puedo decir un mentira y sentirme culpable sola? Por qué vivo en un mundo donde cada día más hay que salir desnudo a la calle y confesar a todos los colombianos en un canal de televisión si se dice la verdad o no? Y qué pasó con el derecho a quedarse callado si no hay nada que el otro deba saber? Qué pasa si quiero sentir que nadie me puede ver? Señorita, baje la voz, pierde su tiempo.

martes, 29 de mayo de 2007

Cicatriz

Comíamos corazones rotos para pasar el tiempo. En esta ciudad la gente come cosas rotas cuando no encuentra otra cosa que hacer. Los hombres comen mujeres rotas, las mujeres fantasías rotas, los niños cuentos rotos.
No. No juguemos, gracias.

lunes, 21 de mayo de 2007

Me vas a dejar triste.

Yo no quiro decir adiós y me vas a obligar, como el peor de los tiranos... como la muerte. Me voy a intoxicar con un olor a insecticida y no te va a impotar. No me vas a pedir con tono de exigencia que hable, que te cuente, ni me vas a acompañar a crecer. No me vas a recordar, ni me vas a querer más de lo que ya lo hacés. No me vas a enseñar a leer lo que no entiendo, lo que no conozco. Me vas a dejar triste, con ganas de hacer silencio.
Un día decidiste devolverme al lugar donde crees que pertenezco. Me quitaste lo que me habías dado y me dejaste después de dar una vuelta, en la escaleras que anteceden la puerta de mi casa. Cerramos un ciclo. Dimos la misma vuelta de siempre, pero hoy me quitaste todo antes de partir. No sé donde estás. Me gustaría saberlo para ser más clara al escribirte. Sin embargo, sé que te escribo a vos porque, si no fuera así, esto no sería tan difícil. Aprecio tus esfuerzos por tratar de hacer poco notorio el que no volveremos a pasear por la ciudad, bajo la lluvia fría, sobre el pavimiento fresco, con abrigos gordos o desnudos. No, porque me arrancaste de las muñecas las cadenas, pero me dejaste de nuevo al frente de mi casa, como si después de hacerme creer libre te pareciera que es mejor dejarme en un lugar seguro. Tal vez pensaste en dejarme en otro lugar, pero mi casa te pareció adecuada para no sentirte responsable de haberme impulsado, de haberme dado ánimos, de haberme dicho que adelante no pasaba nada malo, que todo iba a estar bien. Te pareció adecuado dejarme ahí para dejarme sin vos.

La sala está en silencio y él está en la sala.

Las evocaciones se hacían más frecuentes porque se había reunido un par de veces con sus hermanos, y a ellos no se les podía decir que no cuando les daba por recordar.Era una época de verdades pasajeras, de errores de ortografía, de conocimiento esquivo, la que lamentaban juntos. Lo había invadido una nostalgia perezosa y lenta. No podía soñar sino con mesas de billar y chistes, y eso ya no le correspondía. Ya debería haber aceptado el pasar de los años, la vejez, pero no. Tampoco lograba concebir el que las decisiones, que pensaba había tomado bien, lo hubieran conducido a esa sensación. Una vida decorosa, respetable, responsable, intachable, amigos sinceros, habían llevado todos a un desasosiego vulgar. No lo impulsaba, no lo retenía. Lo dejaba suspendido, con la voz hecha pedazos y los contornos de los ojos húmedos; pero inmóvil. En silencio. Viejo y con el día siguiente planeado.

lunes, 16 de abril de 2007

Descubrimientos interesantes de abril

LLORAR A LÁGRIMA VIVA...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

OLIVERIO GIRONDO

domingo, 8 de abril de 2007

Lléveme de la mano por la música.

miércoles, 4 de abril de 2007

Alguien ahí?

Gato o mordisco?
Pimentón o colibrí?
Cristal o melón?
Crispetas o pestañas?
Espalda u hombro?
Desierto o soledad?
Payaso o elefante?
Luz o cansancio?
Tenue o suave?
Cordones o dados?
Pelucas o relojes?
Barcos o cometas?
Tinto o leche?
Miel o perderme?
Te vas o te quedás?
Te callás o seguís haciéndome daño?
Piel o sonidos?
O yo o no?
Uñas o cintas?
Besos o escaleras?
Ombligo o caricias?
Tu nombre o el mío?

domingo, 25 de marzo de 2007

El nudo

Nos estamos volviendo un nudo de manos llenas de pintura, de piernas largas y capaces de correr. En la ciudad que haría para vos, que quisiera hacerte, donde nadie te haría daño, y no tendrías que tener enfermo el cuerpo, y no se te estaría acabando el alma de puro cansancio, nos volveríamos un nudo cómodo. Yo te haría una ciudad donde me abrazaras y no te quedaras a unos metros de distancia, tocándome el hombro como si fueras alguien más, mirándome con esos ojos brillantes y dorados que recuerdo mientras escribo.

Te prestaría un lugar donde te acercaras y tocaras con la palma de las manos las yemas sensibles de mis dedos que se han estropeado algo por el abuso de la guitarra, pero que te esperan. Te haría una ciudad donde salieras a caminar y siempre encontraras un gato que te hiciera compañía o un viejo que te despedazara el mal humor contándote cuentos. Te dejaría salir a correr, a darle al viento oscuro de la noche lo que se te queda en la garganta durante el día. Te haría una ciudad en donde las puertas no tuvieran llaves, uno de esos lugares donde la gente aprecia los individuos que salen sin encartes a menear el pelo por los parques, por la curvas. Te prestaría un espacio para que cantaras duro y desafinado sin estorbar. Donde te dejaras querer más y me hablaras más bonito...

miércoles, 14 de marzo de 2007

Teléfono

La tarde no era prometedora. Su familia se había ido a un pueblo a comer postres y ella, estando cansada como estaba, decidió resistir la tentación y quedarse en casa escribiendo. Su madre se quejada de cómo no salía, de cómo no organizaba su alcoba, de cómo no era capaz de pasar mas tiempo en familia... Pero realmente no quería salir de casa. Quería recibir una llamada, eso era todo.

Se sentó a escribir como era su costumbre mientras miraba cada cierto tiempo el inmóvil teléfono que descansaba al lado de la foto de su abuela difunta. No sabía qué era exactamente lo que quería escuchar de aquella voz profunda y familiar, pero sabía que quería escucharla y que no le alcanzaban las fuerzas para ser ella quien hiciera la llamada. Le extrañaba que tanta ansiedad estuviera comprimida dentro de ella y ahora en las páginas que escribía para matar el tiempo de la tarde dominical, porque conocía hace mucho tiempo al portador de la voz que le faltaba para respirar tranquila.

Además, las dudas incómodas que la asaltaban como: si él estaba sintiendo lo mismo, o qué pasaría si llamaba, o si serían invenciones de su cabeza revolcada y él jamás se había mostrado interesado en primer lugar. Realmente no sabía qué esperar ni porqué, pero quería quedarse ahí hasta que el teléfono sonara.

De repente.... el teléfono brincó, a la par de las tripas que se desencajaron completamente. “¿Aló?”, contestó con las manos temblorosas, pero el tono firme. “¿Hola, cómo vas?”. Era él, en efecto. “¿Estás ocupada?”, “Pues... más o menos” dijo sonriendo y tirando el cuaderno que tenía en la mano. “Y... ¿será que te gustaría ir a comer un helado conmigo?”, se escuchó al otro lado del teléfono. Antes de responder sentía que la voz no saldría de su garganta, hasta que después de dudar, dijo mordiéndose los dedos: “Tal vez otro día... hoy tengo cosas que hacer”.

Algunas frases incómodas más tarde, colgó el teléfono lamentando que su timidez siempre hablara por ella en casos como ese.

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