martes, 28 de agosto de 2007

Favor

Ángel de mi guarda
mi dulce compañía
no me desampares
ni de noche ni de día...

martes, 21 de agosto de 2007

Borrador

¨ Hoy no tenés que cambiarte nada. Estás bien ¨. La miró con los ojos escrutadores de siempre, pero no hizo sugerencias ni dio órdenes. Se limitó a darle las llaves de la puerta y a decirle con rostro severo: ¨ No se demore, no camine sola ni en la sombra, no hable con extraños, no se quite el suéter ¨. Asintió. ¨ Tenga cuidado con la gente que parece demasiado amable, con los que son demasiado fríos; mire para atrás de vez en cuando para asegurarse de que no la persiguen y no se olvide de caminar derecha ¨. Asintió de nuevo. ¨ “Alerta! Así tiene que mantenerse ¨. ¨ Sí papá ¨. Antes de salir esperaba el alarido que llegaba desde la biblioteca, desde detrás de las gafas gruesas de su padre, desde el aliento pesado de su padre. ¨ Amalia!¨. Silencio. Cuídese por favor ¨.

Los ojos pálidos ya no sabían esconder el miedo cultivado y la ansiedad corroía la máscara que usaba para salir a la calle. No sabía desear porque los deseos que no eran pecado, eran absurdos o estupideces. Escuchaba de vez en cuando, en las cafeterías, las conversaciones ajenas y buscaba entre ellas alguna que incluyera un viaje, una travesía. Tenía imágenes mentales desde pueblos vecinos hasta continentes remotos, pero había salido de su casa únicamente para visitar a sus abuelos que vivían en un país en donde no conocía más que a sus parientes, así que su padre no tenía que preocuparse por las heridas que suponía podían alcanzar a su princesa de trapo.

Había conocido a Francisco no hacía mucho. Francisco no tenía nada que perder. Era un flaco sencillo, sin restricciones. Vivía entre la cocina de la casa de su mamá, y el estudio de la casa de su papá. Ambos lo surtían ocasionalmente de ropa, le daban plata cuando pedía y lo obligaban a almorzar con uno y otro, alternando cada quince días, para que recordara que a pesar de que papá y mamá no estaban juntos, lo querían de verdad. Francisco reía al escuchar las palabras que sabía de memoria y que parecían más una grotesca burla de la vida.

Amalia caminó muy rápido esa noche. Prefería caminar por los bordes de las calles, no subirse a las aceras para que si algo llegaba a pasar (si un sacolero decidía sacarle un puñal y amenazaba con apoderarse de sus vísceras) algún extraño bondadoso pudiera salir en su auxilio. Se sentía protegida por las luces rojas de las farolas que alcanzaban a cubrir el pavimento de la vía automovilística. Y esa noche no fue diferente.

Estaba perdida, caminando sobre las líneas blancas de la calle. Los zapatos de princesa estaban sucios, las suelas no eran apropiadas para caminar, las sombras le resultaban amenazantes y generaba uno tras otro, mapas de los puntos peligrosos de la ciudad, recitados por su padre como si fueran oraciones elevadas al Santo de su devoción. Los bordeaba todos, no se atrevía a cruzar, y Francisco no estaba con ella. Tenía que estar por ahí, pero no sabía donde. Entonces, saltaba con sus zapatos de princesa los charcos de agua sucia y petróleo, asegurándose que lo vería llegar en cualquier momento. " Dónde estoy metida? Por dónde dijo que estaría? Qué hago a esta hora por aquí?". Se atemorizaba escuchándose como su padre, y luego se disculpaba diciéndose que no era para menos, que así había sido educada.

lunes, 20 de agosto de 2007

Para este bonito puente

La vida tiene sus caminos, sus torbellinos y fuerzas. Mueve los límites, las mariposas, los vasos con Cocacola e incluso a los humanos, que empeñados en entender qué es lo que hay en el vórtice de una conspiración eólica a la que no sabemos siquiera como nombrar, perdemos el rumbo una y otra vez.

No me canso de repetir que tengo suerte, porque se me ha puesto en brazos acojedores, firmes, valientes, cálidos y frágiles. Cuento con compañías que escuchan y hablan sin pensar en el terrible vacío que hay entre mente y mente. Improviso camas con hierba húmeda y salgo a la noche fría a respirar estados de calma profunda. Tengo a mi lado una Violeta en crecimiento, arenas movedizas, arboles solos, genios, artistas. Y agradezco que los caminos me hayan traído hasta aquí. Presto mis alas a quien vuela conmigo, así sean apenas asomos de ilusión. Ofrezco incluso, un par de tijeras con qué cortar lo que pesa, para que vuelva a crecer, si es necesario.

lunes, 13 de agosto de 2007

Manos arriba!

Nadie suponga nada. No asuman que mis actos corresponden a intenciones ocultas. Son lo que parecen. A veces no soy clara. Seguro. La mayor parte del tiempo. Seguro. Pero soy absolutamente receptiva cuando de preguntas se trata.

sábado, 11 de agosto de 2007

Hay una casa roja al lado de un precipicio. Tiene a ambos lados, inmensos campos de flores pequeñas y amarillas que contrastan violentamente con el camino de piedras grises, aplastadas, enormes, que pasa al frente. La casa roja está ubicada en lo alto del pueblo. Alguien toca a la puerta. Nadie responde. Espera para no ser descortez. Toca de nuevo. Nadie responde.

Es martes por la tarde y las tiendas está vacías, todos están sentados en el atrio de la iglesia, esperando que se abran las puertas y el párroco decida qué hacer con los cuerpos. "Mínimo el cura también se murió", le dice a su esposa el hombre corpulento que luce unas ojeras enormes. "No se han escuchado gritos, no puede haberse muerto Joaquín", responde Ana en voz baja para que ningún vecino se alarme con las falsas suposiciones del pesimista que la acompaña. Los integrantes de la multitud parecen un jardín infantil que fue castigado en su totalidad por su mal comportamiento. Nadie ha dicho nada en más de dos horas pero el silencio se hace vulnerable con la impaciencia. "Yo digo que los echemos al río", "No, lo mejor es quemarlos!", pero las iniciativas no son acogidas. "Esperemos a ver qué dice el cura", "Ya ha pasado mucho tiempo, él tampoco sabe qué hacer!", "Tiene que saber, él es el que habla con Dios".

Habían pasado ya más de tres meses y la gente seguía muriendo. Dentro de las casas se escuchaban unos gritos terribles de horror, llegaban los vecinos, encontraban un cuerpo sobre el suelo con dos orificios, uno en cada clavícula, y un cadaver más. No eran seguidas las muertes, pero tampoco seguían un patrón temporal. No era cada viernes, ni después de misa, ni antes de la madrugada, ni día de por medio. Pero se habían presentado sin que nadie entendiera por qué. Los sospechosos cada vez eran más, a la vez todos debatían internamente entre sentirse inmunes o próximas víctimas.

Para comunicarse con la operadora, marque cero

Mi ordenador es más rápido que yo. No sé si soy Catalina o cato cuatro. Si vivo en Arizá o en gmail y hotmail. Si mi presencia virtual suplanta mi presencia física. No entiendo por qué se puede insultar a alguien cuando, al mismo tiempo, él o ella está almorzando o quemándose con un fósforo. Por su seguridad, su llamada será monitoreada. Me fastidia pasar una hora en un carro, terminar con la espalda molida y tener los músculos atrofiados. Me aburre el supuesto progreso y sin embargo escribo en un blog. Señorita, sería tan amable de darme su usuario y contraseña?. Me gusta esconderme pero no dejo el celular en la casa, y cuando se me queda, de todas maneras mando mi mano al bolsillo para ver la hora o escuchar a otro. Quiero quejarme de cómo necesito saber la hora para no meterme en problemas. Vamos a confirmar sus datos.Es cómico vernos hablar de manera vehemente acerca del tiempo, como si fueramos dignos siquiera de opinar sobre lo que el otro hace con su tiempo que es igual a lo que hace con su vida, como si por inventarnos un mecanismo para medir al sol el sol nos perteneciera más.

Gracias por esperar en la línea
.Los cuadernos escondidos debajo de la cama ahora son páginas públicas que todos podemos leer. Y qué pasa si quiero guardar un secreto? Qué pasa si quiero que otro guarde un secreto por mí? Lo sentimos, no creemos que podamos ayudarla. Por qué no puedo decir un mentira y sentirme culpable sola? Por qué vivo en un mundo donde cada día más hay que salir desnudo a la calle y confesar a todos los colombianos en un canal de televisión si se dice la verdad o no? Y qué pasó con el derecho a quedarse callado si no hay nada que el otro deba saber? Qué pasa si quiero sentir que nadie me puede ver? Señorita, baje la voz, pierde su tiempo.

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