domingo, 28 de octubre de 2007

Riesgo

Silvia abrió los ojos y la luz que se filtraba por la cortina transparente que pretendía cubrir su ventana, se reflejaba en las sábanas blancas, las almohadas blancas, las paredes blancas de su habitación, y su piel blanca. Vio la maleta, ya con toda su ropa dentro, al lado del escritorio donde se notaba un sobre. En la cubierta, su dirección, su nombre y unos cuantos billetes con los que pretendía sortear los problemas que pudieran presentarse en el viaje.

Se levantó ansiosa, a pesar de que los ojos le ardían del cansancio. No era bueno estarse acostando tan tarde, pero no tenía otra opción. Tenía que dejar todo listo antes de partir.

Sonó el teléfono. Era su mamá. “Sí mamá, ya sé”. Repitió indicaciones, cuidados, direcciones a donde podría llegar, mandó un beso y colgó. Mamá lo había tomado bien, considerando que era mamá. Miró el teléfono después de colgar y llenó con aire sus pulmones. ¡Dios, no era fácil despedirse! Dudó, como era su costumbre. Se recordó que ella siempre hacía lo que quería su caprichoso instinto y marcó. Un pito largo. Una pausa. Otro pito largo. Otra pausa. Lástima, no estaba en casa.

Lamentó no poderle decir adiós, de nuevo, pero pensó que seguro así debía ser. Incluso alcanzó a imaginárselo llegando al muelle con una sonrisa y alguna frase romántica, pero después rió a carcajadas, haciéndose conciente de que él jamás haría algo así.

Se alistó con calma. Le gustaba tener tiempo para bañarse, para pensar. Se aseguró de que todo estuviera listo, de que no faltara nada entre sus documentos. Habló con Doña Ruth, ella estaría pendiente de su correo; su vecina le deseo mucha suerte y Silvia, revisó por última vez que el agua y las ventanas estuvieran cerradas. Todo en orden.

Llegó al puerto, examinó con atención a quienes viajarían con ella en el barco. No podía evitarlo, era una mala costumbre suya esa de analizar las prendas y los gestos de la gente. Hacía mucho calor, las señoras se abanicaban, los señores usaban sus sombreros para echarse aire, notaba las miradas brillantes de los hombres que buscaban compañía para los días que pasarían en el barco y a las mujeres que notaban sus miradas. El barco ya estaba retrasado porque debía llegar a la una y era la una y media, y el barco no estaba todavía en el muelle.

Era normal, ya lo sabía, pero quería abordarlo rápido y partir. No más explicaciones, ni tristezas acumuladas, ya quería irse, lo más pronto que pudiera, salir de su ciudad así fuera por un tiempo. La decisión no había sido fácil, pero una vez tomada, ella misma fue convenciéndose de que era lo mejor.

Las dos de la tarde resonaron en el reloj del puerto. Se hacía tarde y los pasajeros protestaban mientras se preguntaba unos a otros qué habría pasado. En el puesto de atención los empleados decían no tener idea de los motivos del retraso, pero aseguraban que llegaría pronto. Silvia perdía la paciencia, pero la recuperaba rápidamente diciéndose que ya sólo estaba a un paso de huir por fin.

A las cuatro, Silvia, sentada sobre su maleta empacada, con lágrimas en los ojos, decidió aceptarlo. El barco no llegaría.

martes, 23 de octubre de 2007

A ella?

Le pasó que un día cuando estaba pequeña se encontró con la penosa necesidad de hacer un nudo. Tenía que amarrarse los zapatos y no había otra forma de hacerlo, entonces debía saber hacer un nudo.

Al descubrirse en ese apuro, se sentaba largas horas en el patio de la casa de su abuela intendando enrredar las lanas con las que la anciana tejía una bufanda. Las acercaba mucho mucho, segura de que ellas solas iban a juntarse y a aparecer depronto unidas, sin poderse soltar. Intentaba también observar detenidamente a los mayores hacerlo, pero no lograba desentrañar el método correcto para hacer que luego no se deshciera el nudo. Cundo se rendía de intentar con los métodos convencionales, sacaba de debajo de la cama de su abuela una botella de Colombiana con un líquido que en la casa llamaban "agua bendita". Decían que hacía milagros, entonces ella empapaba las lanas metiéndolas hasta el fondo del recipiente, pero no pasaba nada.

Mamá llegó tarde una noche y la encontró dormida, con las lanas en las piernas. Casi que le dolía tener que despertarla para que se lavara los dientes y se pusiera el abrigo para irse de nuevo a casa, pero ya era tarde, había que apurarse. Mamá la llamó, la voltió, le dijo: "Hija, levántate y vámonos. Cuando cuente tres..." Mamá en el trajín, apretó sin querer las lanas y las devolvió a los manos de su hija, que quejándose se paraba de la cama.

Cuando abrió lo suficiente los ojos para ver que en sus manos, las fibras verdes y azules ya estaban trenzadas, comprendió de pronto el secreto. "Práctica" se dijo feliz. Nudo igual a práctica.

lunes, 22 de octubre de 2007

No, no puedo.

jueves, 11 de octubre de 2007

No es para vos

Que feo estás. No te sienta bien tanto egoismo que haz soportado. Seguro ya dejaste de prestarle atención a lo que comés y es una lástima porque estás flaco. Estás feo. Tus manos (que siempre admiré) tienen un tono verdoso...no, es la piel en general, color verde ceniza. No te cuidás los dientes, el pelo, el cuello de las camisetas. Hay que limpiarte la mirada. No sé si te haga falta un abrazo...es lo más seguro, pero ahora te ha dado por no recibirlos siquiera.

Una sonrisa pálida se asoma entre las camisuras de los labios. Saludás. Yo pienso que te falto y me faltás.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Usted es pedante

Se lo ruego, no se sienta interesante. Déjeme contarle un secreto: cualquiera pudo haberlo dicho. Entienda, no siempre que se habla hay que tratar de descubrir el sentido de la vida, porque... ¿sabe?, no lo sabremos. Deje de perder el tiempo callándome, se lo suplico. Es comprensible que divagar, suponer, inventar, discutir acerca de las gafas que se heredan no le resulte divertido, pero no me calle. Puede que jamás pronuncie las palabras que respondan a la pregunta que tanto se hace y desconzco, pero no asuma que yo balbuceo porque me regocijo en lo amplio y hermoso que es el mundo del discurso. Sí, a mí me sorprende el mundo y a usted no. Es una lástima. Pero no tiene que sugerirme cuando hacer silencio.

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