domingo, 29 de junio de 2008

La pared azul

Estoy esperando a que llegue Rico hace un buen tiempo y no he querido levantarme de esta silla a pesar de que podría estar haciendo cualquier otra actividad inútil. Hay una sola mariposa dando la vuelta a mi estómago. Todas las demás han sido expulsadas por el tiempo, por la resistencia que debieron tener y no tuvieron, por el cansancio. Todos sabemos que las mariposas se fatigan esperando, menos Rico, porque no llega. Entonces un vecino que conocí cuando se cayó la pared, hace poco, me miró hoy por unas horas, sentado en una silla igual a la mía, simple, de madera, sin cojín. Luego desapareció.

Ahora él y su hermano están en la ventana que da a mi casa; el que me mira se ve más cerca de la ventana que el otro, ambos encendienden un cigarillo, uno pensando que no estaría nada mal compartit un poco de amor conmigo, otro que no estaría nada mal compartir un poco de amor con cualquiera que además de piernas tuviera una candela para encender el cigarrillo que se fuma cada que se levanta, entre las sábanas, casi cuando el sol es todavía una sospecha. El problema es que yo estoy esperando a Rico casi todo el tiempo y no puedo hacer tantas cosas a la vez porque podría perder la cuenta de cuánto crecen mis plantas, de cuánto me demoro esperando a Rico.

Después de que se cayó la pared izquierda de mi casa, la que dejó la pila de escombros azules que hay al lado derecho de donde me encuentro, los tres hermanos que viven en esa casa parecen más interesados en hablar conmigo. Su hermana con ojos de Sparkies, porque sabe que vemos televisión a la misma hora y ella casi siempre tiene que hacerlo sola y preferiría hacerlo conmigo pero yo me escondo en la cocina porque la chica habla de cosas pequeñas todo el tiempo y no me gusta. Los otros dos hermanos porque sí.

Sin embargo, creo que los hermanos pronto no querrán saber nada de mí porque su mamá está por llegar. Su mamá me conoció cuando mi casa tenía techo y todas las paredes, después ella se fue de viaje, volvió justo cuando el techo se dañó y yo hice que lo quitaran, por lo que la señora cree que no soy una mujer digna de confianza. Así que cuando llegue, estoy segura, su enorme boca, su pelo pegado a la frente y sus palabras cargadas de resentimiento harán que los hermanos no quieran mirarme más.

miércoles, 18 de junio de 2008

Lugar de pasos

Son las diez de la mañana y hay buena luz. Un corredor amplio y mis pies tocando el piso frío de la casa enorme. Simón y Juanita me habían dicho que era pequeña y tal vez a mí me sorprende porque no salgo mucho, pero la veo enorme. Deslizo mis pies con paciencia para no dejar escapar el silencio que recubre la casa. Sé que hay gente en los pisos de arriba pero no quiero pensar en ellos, que podrían hacer que desaparezca la sensación de caricia que me inunda. La recorro. El patio huele a humedad y a insectos de colores, el corredor a tinto, la sala a buñuelo, los cuartos a tela, a maquillaje, a guardado y a confesión.

-Buenas tardes.
-Buenas.
-¿Le ayudamos en algo?- pregunta la vieja que se asoma por las escaleras delante de otras cuatro personas que me miran con ojos amargos.
-Puedo...-no se me ocurre nada que no suene ridiculo- puedo...- quiero decirle la verdad pero no me dejo- ¿puedo.. quedarme en su casa por un tiempo?
-¿Para qué?
-No sé. Para guardar la sensación que hay aquí, supongo.

La vieja mira con desconfianza a los demás, pero encuentra en ellos el gesto de indiferencia que, más adelante sabría, era su gesto natural. Pereza facial, pienso mientras observo sus rostros que maquinan una decisión.

-¿Se demora?
-Sí señora.

Hay una mueca de desagrado y aburrimiento en el gesto de los cuatro personajes que se esconden detrás de la vieja. Como si ya conocieran esta historia y todas las historias que yo soy. Pero uno de ellos, el que tiene sombrero, le dice algo al oído a la vieja. Ella no se decide a decir nada. Me mira y le hace una pregunta al pequeño grupo al que precede. Todos susurran y parecen llegar a un acuerdo.

-Entonces no haga ruido y quédese donde quiera. Eso sí, no suba al segundo piso y espere a que yo baje para entregarle las llaves de la puerta de la entrada.
-¿Le pago cuando me las entregue?
-Me paga cuando se vaya...si es que se va.

Datos personales

Mi foto
Medellín, Antioquia, Colombia