jueves, 31 de julio de 2008

Cráteres en mi corteza cerebral

Mi queridísimo peludo era experto en ir de un extremo de la ciudad al otro montando su cohete rojo. Alzaba las manos y se reía antes de aterrizar. "¡Tontos!", les gritaba a los otros humanes que andaban por las calles sobre sus patinetas. Hasta el día en el que mi queridísimo peludo le aterrizó en el pelo morado claro, textura algodón de azucar, a una viejita que gritaba sosteniéndolo con fuerza por las muñecas: ¡Esta vez no te me escapás Muerte cínica! ¡O me llevás o me llevás!".

martes, 29 de julio de 2008

Tengo que encontrar un rinconcito en donde quepa yo. Que tenga capacidad para invitar uno que otro alguna tarde. Pero no demasiado grande porque empezar'ia a parecerse al cuarto. Un rinconcito tranquilo, donde pueda maldecir, colgar un farol y pintar en las paredes.

domingo, 13 de julio de 2008

Poesía

Estoy acostada sobre tu almohada y no sé si es la posición o la hora, pero mi boca se inunda de verdades que te digo tranquila porque ahora sé que sos un buen par de oídos. "Hay que comenzar de nuevo con las malditas obligaciones cuando todos sabemos que sería mejor pretender que hay en este mundo sólo tardes de agosto y de hamaca", creo que estás de acuerdo pero no respondés. No hay razón para no pasar una buena mañana escuchando lo que tienen para decir las nubes que se retorcerán hasta que alguien las comprenda. Estoy segura de que si uno se quedara un mes leyendo las nubes descubriría cómo llegar al centro de la tierra o algún misterio semejante. "No creo en nada, ¿sabés?", estás extraviado en el letargo de las tres de la tarde; yo recuerdo las palabras del tipo que ayer me hizo la pregunta que terminó por convencerme: ¿quién sabe más del alma, un psiquiátra o un poeta? "En casi nada", digo casi murmurando, hundiéndome también en el aire tibio que nos rodea.

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