domingo, 13 de julio de 2008

Poesía

Estoy acostada sobre tu almohada y no sé si es la posición o la hora, pero mi boca se inunda de verdades que te digo tranquila porque ahora sé que sos un buen par de oídos. "Hay que comenzar de nuevo con las malditas obligaciones cuando todos sabemos que sería mejor pretender que hay en este mundo sólo tardes de agosto y de hamaca", creo que estás de acuerdo pero no respondés. No hay razón para no pasar una buena mañana escuchando lo que tienen para decir las nubes que se retorcerán hasta que alguien las comprenda. Estoy segura de que si uno se quedara un mes leyendo las nubes descubriría cómo llegar al centro de la tierra o algún misterio semejante. "No creo en nada, ¿sabés?", estás extraviado en el letargo de las tres de la tarde; yo recuerdo las palabras del tipo que ayer me hizo la pregunta que terminó por convencerme: ¿quién sabe más del alma, un psiquiátra o un poeta? "En casi nada", digo casi murmurando, hundiéndome también en el aire tibio que nos rodea.

2 comentarios:

david co dijo...

el psiquiatra dirá por que el poeta será poeta y éste dirá por qué el psiquiatra no sabe nada del alma.

Camila Avril dijo...

El poeta trabaja con el alma, en una mezcla rarísima e indescriptible, donde intenta, no siempre lo logra, ponérsela de cobija. El psiquiatra sólo tiene oídos y no habla.

Datos personales

Mi foto
Medellín, Antioquia, Colombia