martes, 19 de agosto de 2008

Maga

Yo la conozco y no me la inventé. Pero parece una maga, entonces no sé si exista de verdad tal como yo la ví. Es del tamaño de los gigantes que se pasean por el parque que hay al lado de mi casa, el de la fuente sin agua, el de los edificios pintados de tiza verde, naranjada y roja. Cuando la conocí me dio miedo porque me produjo esa ansiedad de saberlo todo pronto, que a veces, como agua efervescente, me atropella cuando estoy a punto de coger un bus o a punto de caerme dentro de tus pupilas. Estaba contando un cuento y fue ahí cuando descubrí que cerca de mi casa hay una plazoleta abandonada donde se refugian quienes en este tiempo conservan la habilidad de crear. Allí es donde viene a veces, pero no la veo mucho. Leo sus historias y logra envolverme con sus aires intóxicados de deseo y humo de cigarrillo. Logra que quiera inventarlo todo pronto. Hacerlo todo de nuevo.

sábado, 16 de agosto de 2008

Abro comillas

A veces la vida es así. Te deja loco con un diálogo.

"¿Por qué estás tan brava?"
"Estoy peliando con los habitantes de mi corazón. Son malos inquilinos"
"Eso pasa cuando se cobra alquiler."

sábado, 9 de agosto de 2008

Mía

No, no, así no. Con los ojos cerrados y permitiendo que cada cosa que fue puesta ahí invada el cuerpo. Que los bemoles den la vuelta por el caracol del oído, que las armonías hagan un vacío entre las costillas, justo donde tenés esa barriga tuya, que las palabras elegidas con tanto cuidado cambien el color de tus prejuicios y tus seguridades. Dejame, yo quiero oír esa canción y quiero imaginarme que todas las cosas se parecen a ella. Que ese chico se desafinó tratando de imprimirle toda la emoción que yo debía sentir al oírla. No, la trompeta tiene que ser así, brillante y dulce. Y las disonancias y las modulaciones. Así, dejando que las imágenes suenen a ella.

jueves, 7 de agosto de 2008

Pequeñísima

No encuentra a su mamá, déjenla tranquila, es muy pequeña todavía, necesita a alguien que la abrace siempre, ¿tiene que ser su mamá?, no sé, no importa, déjenla llorar para que cuando crezca tenga pulmones fuertes y pueda bajar hasta el fondo de la Piscinita en San Andrés sin tanque de oxígeno, yo digo que la paren, que es terrible ver esas lágrimas barrigonas bajando por sus mejillas rojísimas. Samuel entra en la sala. Nos mira a todos. Se da cuenta de que llevamos más de quince minutos discutiendo acerca del llanto de Salomé. Parece preocupado por nuestra descomunal ignorancia. Samuel camina sus pasos cortos hasta el cuarto de Roberto, va por la guitarra pequeña que está en el closet, sale del cuarto, atravieza el círculo de adultos estúpidos que miramos a Salomé y se la entrega. Listo. Ya está. Las lágrimas barrigonas se han detenido. Salomé sólo sabe llorar así cuando Samuel y su guitarra se van de su lado.

lunes, 4 de agosto de 2008

Decreto

Si miro para atrás duele. Duele el cuello porque hay que torcerlo, los ojos porque los puntos están muy lejos y a los ojos les dan ganas de hacer lágrimas, que es un trabajo duro y duele. Duele la cabeza porque comienzan los delirios de persecución y la nostalgia, que también duele en el estómago. Entonces no voy a mirar para atrás. Por comodidad, no más.

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