lunes, 22 de septiembre de 2008

Abro los ojos.
Miro a la izquierda.
Sonrío tranquila.

lunes, 15 de septiembre de 2008

740am

Inicio

Hacía un día frío y gris. A las 740 am, mientras tendía mi cama como todas las mañanas mi reloj se detuvo. Un tren chocándose contra mi cara pálida, estampada por las marcas de cuadros pequeños que deja mi colcha cuando duermo sobre ella. Mi papá entró a mi cuarto corriendo y me preguntó si estaba bien. Yo supuse que sí, que había que estar bien y listo, seguimos. Ni siquiera eso detuvo los compromisos, ni siquiera que la hora no cambiara más. Ahora, siempre son las 740am.

La primera llamada fue de mi jefe. La reunión con ella era a las 9am, pero ya no iban a ser las nueve de la mañana nunca, así que me dijo: nos tenemos que reunir ya. Repliqué que era muy temprano para trabajar, que no era lo que habíamos acordado, pero había demasiado que hacer así que cogí la chaqueta, el paraguas, y caminé a las 740 am, sin angustias, sin el peso en el estómago conocido por mis tripas como: voy a llegar tarde.

La reunión duró cuatro tintos fríos. Cuando salí a las 740 am, tenía hambre. La señora de la cafetería dijo: "Señorita, empiezo a hacer el almuerzo a las 1130am. En el momento sólo hay menú de desayuno". Perfecto, jugo frío y pan caliente.

Mis profesores vagaban por la Universidad, fumando tranquilos, paseandose por las plazoletas, comentando el extraño fenómeno del tiempo y burlándose de los estudiantes que contaban repetidas veces cómo había sido el momento en el que sucedió. "Hoy no hay clase de 2pm", dijo uno. Claro, no hay dos, no hay clase. "Sin embargo, debería leerse los cuatricietos libros de mi biblioteca hoy que tiene una infinidad de tiempo, ¿no le parece?".

"En el mío eran las 750am", "en el mío las 740am" respondí. "¿Entonces qué hora es?", "No sé. Es difícil". Como no lográbamos ponernos de acuerdo le preguntamos a una niña con un buso de rayitas rojas y moradas qué hora tenía ella. "Las ocho,- respondió -yo lo mantenía adelantado".

A veces me da sueño y duermo porque la noche se quedó en otro lado del mundo, así que mi reloj biológico volvió a determinar mis jornadas de descanso. Debo admitir que es extraño dormir a las 740am, porque la luz del día no ayuda y siempre se tiene una sensación de que hay que empezar a hacer algo, comenzar algo, el día seguramente, pero ya no hay días, así que poco importa.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Cosa pequeña y afortunada

Yo podría reconstruir mi vida con canciones.
Supongo que todo el mundo podría también.
Y algunas de las canciones de las que está hecha mi vida
las he escrito yo o cantado yo. O alguien cercano al que se le puede dar un abrazo.
Y esa cosa pequeña y afortunada me hace feliz momentáneamente.

lunes, 1 de septiembre de 2008

22 ojos

-Conté 12
-Yo 18 esta mañana ¿Por qué nos miran?
-Porque tú dejas las ventanas abiertas preciosa, y luego te entras a bañar.
Obviamente nuestros vecinos quieren saber qué pasa aquí dentro.
-Yo creo que nos miran porque tú te sientas en el borde de la ventana, y estamos en un onceavo piso. Es como ver el espectáculo del circo.
-Yo sólo me siento ahí cuando la noche está muy bonita. No siempre.
En cambio tú de la pasas bañándote.
-No me voy a acostar sin bañarme después de haber sudado todo el día...
Yo creo que nos miran porque hay un asesino que quiere matarnos entonces le dio plata a todos los vecinos para que nos espiaran y le dijeran a qué hora hacíamos qué cosa; y cuando el asesino sepa exactamente qué hacemos va a venir y va a acuchillarnos por la esplada.

Mauricio hace silencio y la mira. Niega con la cabeza.

-No creo.

"Mauricio y Manuela vivían aquí hace más de un año. Cuando me alquilaron el apartamento me dijeron que eran compañeros de Universidad y a mí me parecieron personas decentes. Me dijeron que ella era bailarina y él arquitecto. Yo no sé porqué alguien querría matarlos así. No, yo nunca vi nada raro. De pronto la gente si se quejó al principio porque sus amigos venían por las noches y se quedaban hasta muy tarde escuchando música muy duro, y sí se les dijo varias veces, no hicieron caso, pero después nadie lo volvió a mencionar. Sólo don Ramón, el del décimo piso, un hombre muy extraño por cierto, muy silencioso, me dijo algo al respecto hace como un mes pero nada más. Sí, fui yo la que los encontré a los dos esta mañana. Una cosa espantosa! Mi tía vive en el piso once, al frente de donde vivían ellos. Como ella está de viaje yo subí a regarle las matas y ví que del apartamento salía sangre por debajo de la puerta. Claro, yo toqué la puerta varias veces, me pegué del timbre, grité, y como a los quince minutos ya me convencí de que había que llamar a la policía y así fue. Yo me voy a tener que tomar alguna cosa para poder dormir. Pues parece que fue con un puñal o un cuchillo o algo así, pero yo no sé de esas cosas, ya tendrá que decir la policía".

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Medellín, Antioquia, Colombia