miércoles, 2 de diciembre de 2009

Y punto.

Ser vanidoso, es ser ignorante.

viernes, 27 de noviembre de 2009

N.

"¡¡¡Ahí!!!"

El grito de Gonzalo se escucha apagado por los árboles, la distancia y la noche. Su voz crece por la emoción. Marín y yo corremos por el camino delgado, intentando no tropezar con una raíz levantada, ajustando nuestras pertenencias al cuerpo para no perder lo poco que llevamos y el agua.

"¡Allá está!"

Gonzalo no para de gritar, siento como el calor llega a la cara, corremos más rápido, la angustiosa espera parece estar terminando, Marín grita para avisarle a Gonzalo que estamos llegando. La mochila roja de Gonzalo aparece, luego su pelo desordenado, luego su cuerpo flaco y muy peludo. Señala.

Lejos se ve un punto amarillo brillante, una lucesita pequeña como de barriga de cocuyo. Un norte.

sábado, 3 de octubre de 2009

Ej.

Ejercicio de Personaje. Dos caracterísitcas: Escritor, inseguro.

Otra idea palpita en su cabeza. Nicolás toma un pedazo de papel de la basura y sus torpes manos lo desarrugan dejando caer el lápiz mordido, y algo húmedo en la punta, que se sostenía entre sus dedos. Viendo el lápiz en la basura, Nicolás toma una hermosa pluma negra que, hasta ahora, sólo ha sido el separador del libro “Los diez primeros pasos para escribir una novela”, y se pregunta si ha llegado el momento de estrenarla, si la ocasión lo vale, si alguien lo notará, si será demasiado pronto, si su abuela se sentirá defraudada si no usa la pluma para el regalo que le ha pedido en su cumpleaños número 85 en vez del lápiz, pequeño e insignificante, que siempre lo acompaña. Nicolás recoge el lápiz de la basura y le saca punta, el lápiz se hace más pequeño.

“No es suficientemente bueno” se dice Nicolás, atrapado entre miles de frases que no logra unir, miles de palabras sueltas que no parecen soportar el peso de la vieja y sus huesos frágiles. Invadido por la frustración y el desespero, cansado de dibujar en los bordes de las hojas las caras de los familiares ansiosos por escuchar lo que ha escrito para la abuela, Nicolás tira otra vez los papeles a la basura y apoya la cara contra el escritorio. Respira profundo y descansa. Levanta la mirada, decide hacer alguna otra cosa hasta que encuentre algo que lo satisfaga. Organizar su escritorio, sí, eso.

Toma una pila de papelitos, los separa por colores, los apila un color sobre otro y los destina a una esquina de su escritorio. Apaga la lámpara que da luz a su mesa de trabajo y la vuelve a prender para probar qué tal quedan los papelitos en ese lugar. No, no es el lugar para los papelitos. Ahora, los pequeños trozos azules, amarillos, verde pálido y rosa, se trasladan al lado del lugar que Nicolás ha destinado para sus gafas. Ahí, perfecto. Hace de nuevo el ejercicio de la lámpara, la apaga, la enciende de nuevo. Sonríe. Ese es el lugar.

Aliviado por algún extraño motivo, Nicolás toma una nueva hoja y escribe una frase. Le gusta. La relee. Le gusta. Escribe otra. Le gusta. Otra. Las relee todas. Respira fuerte. Las tacha todas. Se desespera de nuevo y pasa los papelitos a otra esquina.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

¿Vo F?

Pregunta de Verdadero o Falso.

Dice Mr. Verdoux

"Si se mata a una sola persona se es asesino. Si se mata a millones de hombres, se es un héroe."

"Mr. Verdoux", Charles Spencer Chaplin (1947)

Justifique su respuesta

martes, 11 de agosto de 2009

Grito

Mita va por la calle con el pulso agitado y guardando un grito que tal vez tarde años en dejar salir. Recuerda el sonido de esa voz profunda que le resuena en los oídos mientras se acerca a la tienda a comprar galletas agridulces. “Tenés un problema”, le dice el tendero. Mita baja la mirada pensando que se ha vuelto tan transparente que hasta el tipo extranjero que hace poco vive en el barrio, y ahora trabaja en el tienda, se da cuenta del dolorcito agudo que se le ha instalado en el pecho. “Si ya sé” responde Mita. Miguel mira con desconcierto las pestañas largas de la chica a la que le faltan dos pesos para completar el dinero que necesita para pagar. "¿Entonces?" dice Miguel subiendo los hombros, seguro de que recibirá su dinero. “Siempre se pierde algo, ¿no?” dice Mita que se concentra en el suelo y piensa en los ojos que la entristecen. Miguel observa las galletas sin entender de qué habla la chica esta, que ahora ha hecho que un señor que quería comprar algo en la tienda, al ver la indecisión de Mita, se fuera sin dejar su dinero en los bolsillos del tendero. “Rara” piensa Miguel mientras Mita sale caminando con las galletas en la mano y sin pagar, segundos antes de correr tras ella y sus galletas robadas.

jueves, 2 de julio de 2009

Tierra querida

Nunca había pensado que cada banano que me he comido hasta hoy (con algunas excepciones) provenía del suelo enmarcado dentro de la línea que determina los bordes de Colombia.
Hasta hoy se me ocurre que debo una enorme gratitud a los hombres y mujeres que se preocupan porque esos bananos crezcan y lleguen hasta un lugar en donde yo pueda tomarlos y comerlos. Así como debo una enorme gratitud a los señores que se parten el cerebro (y a veces se destruyen la vida) tratando de encontrar respuestas a los problemas que deterioran la vida de los que pisan el suelo que en los mapas le corresponde al nombre de Colombia. Claro, ellos a su vez deben también una enorme gratitud al suelo fértil que les ha permitido comer, a las manos que han construído casas para protegerlos, a las voces que les han dado canciones para cantar y sentirse contenidos y protegidos en este mundo que, en realidad, no es más que tierra dividida por líneas imaginarias.

Así que hasta hoy, después de veinte años, me doy cuenta de la deuda que tengo con esa tierra, de la que me hicieron memorizar, que está bañada por dos Océanos, tiene distintos pisos térmicos, diversidad de flora, fauna, y una bandera tricolor.

lunes, 29 de junio de 2009

"R con minúscula"

(Si abre mucho La Boca, te traga y no se da cuenta.)

R es un hombre pequeño. Bajito y cachetón. Dice "R con minúscula" cuando alguien le pregunta el nombre. Da pasos cortos y a veces el viento hace que el sombrero rojo, que se quita sólo cuando entra a un buen restaurante o a la casa de L su novia, salga dando vueltas y termine a kilómetros de R que corre con sus pequeños zapatos a alcanzarlo y suspira con alivio una vez lo logra. R, habla en voz baja y sus palabras se pierden porque vive en una ciudad enorme que no tiene montañas alrededor para atrapar lo que alguien no ha escuchado aún.

R quiere ser inmortal y le cuenta a L su novia cómo va a lograrlo. Pero como sus palabras se diluyen, se pierden, y tras ellas no se puede correr como tras un sombrero, R presiente que va a morir, y su inmortalidad sólo será una idea que cruzó su pequeña cabeza y nunca llegó a la de nadie más para hacerla más que una idea.

miércoles, 3 de junio de 2009

No sé cuántas horas en bus, cuántas en clase, cuántas en silencio, para acomodar algunos párrafos que no mientan.

viernes, 15 de mayo de 2009

75 Rojo

Me senté en el autobus al lado de una chica preciosa. Ojos claros, una bufanda amarrada al cuello, cordones de colores, una mirada esquiva, las mejillas rojas por el frío y nada más. Me alegró el privilegio de que fuera mi vecina. Escuché con atención su respiración, parecía cansada. "Está creciendo", me dije, "y seguro ayer se dio cuenta de que no puede, de que no sabe, de que tiene que asumirlo y seguir". Después de unos minutos escuché un suspiro. "No es fácil", me dije de nuevo ahora tendado a entablar una conversación con la chica. Se secó una lágrima. Le ofrecí un pañuelo. La chica sonrió y se negó, "Sólo una lágrima, nada más", me dijo tranquila. Ahora mi interés era mayor. La chica tenía una chispa particular en las ojos, un dejo extraño al hablar. Permaneció un buen rato demasiado concentrada en las costuras de la silla del frente. Contuve la respiración dos segundos y concentré la energía para que salieran las palabras. "Permiso, bajo aquí", dijo la chica y al abrir la puerta del autobus sentí como el viento frío se llevaba la conversación que no había pasado y me dejaba un desagradable vacío en el estómago que se quedó conmigo hasta llegar a casa.

jueves, 30 de abril de 2009

S.XXI

Terapia teórica necesaria sin grandes pretenciones.

Me gustaría llorar un poco por mi época. Por su falta de fe y de rumbo. Por su vacío, por su sin sentido, por su confusión, su ruido, su exceso de información y falta de ignorancia. Porque no cree en dios ni en el destino. Porque la ha defraudado el estado y ha perdido la familia. Porque creía en la ciencia y resultó siendo su peor enemiga, y en la historia y resultó siendo una recopilación de ideas avaladas por el poder imperante de una época que logra llegar hasta hoy filtrada por miles de miradas. Quisiera llorar un poco, porque mi época se vio forzada a entender el mundo como una construcción colectiva de sujetos imperfectos, que, o se inventan como pueden algo en qué creer o que no creen en nada y ven mucha televisión para olvidarlo.

Y después de llorar un poco por el panorama pesimista, me gustaría sentarme a disfrutar de la sensación de que mi época es una de esas en las que se puede y se debe crear.

miércoles, 29 de abril de 2009

Contenidos

Voló hasta acabarse el cielo.

jueves, 2 de abril de 2009

Un muñequito de tinta

Primero, fue un muñequito de tinta solo. Luego, acompañado por una muñequita hecha a lápiz. Juntos compartieron una hoja con renglones azulosos durante un tiempo. Después, él fue un muñequito de tinta que intentaba conquistar a la chica de sus grices sueños, y no lograba hacerlo porque la señorita tenía dudas acerca del amor. Ahora, es un muñequito de tinta que llora sentado en una línea porque el tonto del autor decidió borrar la muñequita de carboncillo justo después de que ésta le dijo "te quiero".

viernes, 13 de marzo de 2009

Plaza San Martín

La vieja, mira al hombre que se dispone a tomar una siesta en esta tarde de verano, fresca porque se acerca el otoño. No lo culpa, hay brisa, los árboles florecidos hacen que el parque parezca acogedor y el hombre tiene las ojeras propias del sueño acumulado. Se siente algo triste la vieja. Primero, por la imagen del tipo este que parece no tener una casa cerca y ser un inmigrante más que trabaja duro para quién sabe qué. Ella, blanda por los años, se imagina una familia, unos niños, una casita pequeña, limpia y logra enternecerse tanto por sus pensamientos que hasta siente que los ojos se le llenan de lágrimas. Luego bosteza.

El hombre, lejos de los pensamientos que lo incluyen, pone su termo, su mate, su bolso en el suelo y estira sus piernas totalmente para quedar acostado en la tercera banca, contando desde las escaleras. Pronto se queda dormido y se acomoda.

La vieja, ve cómo el tipo se voltea, dándole la espalda al camino peatonal, monta un pie y una mano sobre el espaldar de la silla en la que se encuentra y abraza cariñosamente su cama improvisada. La vieja vuelve a su pequeña tristeza. Ahora, por sentir que no puede hacer algo como lo que hace el tipo aquel.

sábado, 24 de enero de 2009

Pensó que había algo de terrible en la vida que llevaba, siempre escondiéndose, siempre en las trincheras improvisadas de la ciudad o en su silencio o su palabrería. Algo de patético también. Siempre pensándose como el que debía mantenerse lejos, el que debía bajarse de la acera para que otros pasaran y lo miraran con la superioridad propia de quien deducía el cúmulo de inseguridades que mal disimulaban sus ojos. Siempre cediendo su lugar en el bus, siempre bajando la cabeza, simpre olvidándose y mirando el paisaje para concederle más importancia a cualquier otra cosa y así admirarla un rato, un cigarrillo, una cuadra. Temiendo que cualquier tonto lo notara de pronto para entablar una conversación en la que los silencios compartidos e incómodos se sucedieran sin tregua hasta sacar de alguno de los dos una promesa de llamar o verse pronto. O peor aún, que un sabio lo abordara para darle algunas recomendaciones que lo ayudaran a abandonar el caótico ser en el que se había convertido con el paso de los años, los cambios de moda y los cambios de gobernantes. Condenado a ignorar perpetuamente lo que temía y no sabía enfrentar.

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