martes, 11 de agosto de 2009

Grito

Mita va por la calle con el pulso agitado y guardando un grito que tal vez tarde años en dejar salir. Recuerda el sonido de esa voz profunda que le resuena en los oídos mientras se acerca a la tienda a comprar galletas agridulces. “Tenés un problema”, le dice el tendero. Mita baja la mirada pensando que se ha vuelto tan transparente que hasta el tipo extranjero que hace poco vive en el barrio, y ahora trabaja en el tienda, se da cuenta del dolorcito agudo que se le ha instalado en el pecho. “Si ya sé” responde Mita. Miguel mira con desconcierto las pestañas largas de la chica a la que le faltan dos pesos para completar el dinero que necesita para pagar. "¿Entonces?" dice Miguel subiendo los hombros, seguro de que recibirá su dinero. “Siempre se pierde algo, ¿no?” dice Mita que se concentra en el suelo y piensa en los ojos que la entristecen. Miguel observa las galletas sin entender de qué habla la chica esta, que ahora ha hecho que un señor que quería comprar algo en la tienda, al ver la indecisión de Mita, se fuera sin dejar su dinero en los bolsillos del tendero. “Rara” piensa Miguel mientras Mita sale caminando con las galletas en la mano y sin pagar, segundos antes de correr tras ella y sus galletas robadas.

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