sábado, 3 de octubre de 2009

Ej.

Ejercicio de Personaje. Dos caracterísitcas: Escritor, inseguro.

Otra idea palpita en su cabeza. Nicolás toma un pedazo de papel de la basura y sus torpes manos lo desarrugan dejando caer el lápiz mordido, y algo húmedo en la punta, que se sostenía entre sus dedos. Viendo el lápiz en la basura, Nicolás toma una hermosa pluma negra que, hasta ahora, sólo ha sido el separador del libro “Los diez primeros pasos para escribir una novela”, y se pregunta si ha llegado el momento de estrenarla, si la ocasión lo vale, si alguien lo notará, si será demasiado pronto, si su abuela se sentirá defraudada si no usa la pluma para el regalo que le ha pedido en su cumpleaños número 85 en vez del lápiz, pequeño e insignificante, que siempre lo acompaña. Nicolás recoge el lápiz de la basura y le saca punta, el lápiz se hace más pequeño.

“No es suficientemente bueno” se dice Nicolás, atrapado entre miles de frases que no logra unir, miles de palabras sueltas que no parecen soportar el peso de la vieja y sus huesos frágiles. Invadido por la frustración y el desespero, cansado de dibujar en los bordes de las hojas las caras de los familiares ansiosos por escuchar lo que ha escrito para la abuela, Nicolás tira otra vez los papeles a la basura y apoya la cara contra el escritorio. Respira profundo y descansa. Levanta la mirada, decide hacer alguna otra cosa hasta que encuentre algo que lo satisfaga. Organizar su escritorio, sí, eso.

Toma una pila de papelitos, los separa por colores, los apila un color sobre otro y los destina a una esquina de su escritorio. Apaga la lámpara que da luz a su mesa de trabajo y la vuelve a prender para probar qué tal quedan los papelitos en ese lugar. No, no es el lugar para los papelitos. Ahora, los pequeños trozos azules, amarillos, verde pálido y rosa, se trasladan al lado del lugar que Nicolás ha destinado para sus gafas. Ahí, perfecto. Hace de nuevo el ejercicio de la lámpara, la apaga, la enciende de nuevo. Sonríe. Ese es el lugar.

Aliviado por algún extraño motivo, Nicolás toma una nueva hoja y escribe una frase. Le gusta. La relee. Le gusta. Escribe otra. Le gusta. Otra. Las relee todas. Respira fuerte. Las tacha todas. Se desespera de nuevo y pasa los papelitos a otra esquina.

5 comentarios:

lauravito dijo...

me gusta, mucho.

Guto dijo...

Interesante como combinas las historias que ocurren en la mente de Nicolás, se podría utilizar como metáfora para muchas situaciones en la vida cotidiana. La simbología del lapiz versus el lapicero, el papel arrugado versus el papel organizado y alisado. Me gusta la presión que ejerce la abuela y su familia sobre la mente creativa de Nicolás y solo cuando de aleja de su tarea encuentra feliciad.....
Muy bueno

Lolita dijo...

Siempre has tenido unos hermosos y equilibrados 29 años.
No puedo evitar darte vuelta, venir a leerte en éste rinconcito que cada vez vuelves más valioso.
Te acordás de la flecha hacia arriba?...pues lleva tiempo sin parar de crecer en su dirección.
Fresa me haces falta. :S

yo no me llamo javier dijo...

Cata, que bueno es poder leerte; te mando una palabra que te guste (inventala tú) para que te salude, a vos y a Julio Dennis.

Cronopia Cronipia.

María dijo...

Buscándote Catalina.

Te apuesto a que no te imaginabas encontrar una tarde de noviembre, por allá donde hay buenos aires, una nota mía...

He de decir primero, que desde que te fuiste fumo más.
Comencé a leerte, y fumé un cigarro recordando viejos tiempos en los que el sol de la ciudad de la eterna primavera hacía que el rojo-naranja tuyo resaltara más.

Ha sido una ausencia larga... no sé por qué desde hace un tiempo encontrarte es complejo... gente que me encuentro me dice que deberías unirte a la modernidad con "fb", mientras yo sonrío y pienso en vos como la alta bonita que prefiere un rincón de escritos que entrega y que recibe cada cierto tiempo.

No tengo noticias tuyas, tuyas tuyas, que salen de tu boca o de tus manos... pero encontré tu punto rojo, y ha sido mágico sentir que tu mente no ha caído en letargos y que tus ojos no se han sumergido en la angustia.

Niña, después de leerte y reconfortarme sabiendo que estás muy viva, quisiera que mandes señales de vida a tu Querida Mary.

Te espero.

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