viernes, 24 de septiembre de 2010

Vito en los sueños


En medio de la explanada encontramos un árbol frondoso, verde, con flores pequeñas y frutos redondos. Laura se para bajo sus ramas más cercanas. Podemos imaginar su extensión, pero no verla. Sus enormes brazos han crecido desmedidamente y jugamos en su sombra. Laura parece bailar a veces, otras moverse simplemente siguiendo el viento, pintando con su pelo negro líneas que se mezclan con el amarillo intenso de las flores.


Lejos suena un estallido cualquiera y yo aprovecho para contarle a Laura de la señora judía que se sentaba en una colina a cantarles melodías a sus hijos y nietos mientras ellos recogían en baldes metálicos los escombros de la guerra. Intentamos hablar de la guerra, pero no sabemos qué decir.


Laura, que cuelga de un fruto grande, me habla de la muerte. Me dice que ruega por morir del corazón y que presiente que así será. Yo prefiero no decirle que temo tanto morir en la violencia que confundo el miedo con el presentimiento. Le digo entonces que su corazón es sano y jóven, que no es momento de pensar en eso. Laura arranca el fruto del que cuelga y otro para mí. Abrimos pequeños rotos en la piel de las esferas jugosas y comemos para no hablar más del otro estallido que ahora suena más cerca.

Datos personales

Mi foto
Medellín, Antioquia, Colombia