viernes, 31 de diciembre de 2010

Circular

Circulares, infinitas, cuatro ideas volvían a su cabeza cuando sus manos no estaban ocupadas en sobrevivir. La terrible y paranoide ilusión de que sería asesinada en una esquina por un revolver negro y una sarta de insultos que anularían por completo de su espíritu la esperanza de confiar en sus semejantes; el deseo de golpear a la gente que aprovechaba las curvas para tocarla en los buses; el recuerdo de un chico noble que la había querido sin mesura en su ciudad natal con ojos dulces, paciencia y caricias que la invitaban a descansar en su ternura; y volvía y volvía el presentimiento de que el revolver apuntaría a su pecho en un día caluroso e impaciente después de que sus cinco dedos se hubieran marcado en el rostro del hombre asesino que escucharía su último deseo, su última súplica... que quien la había amado no la olvidara.

Naranja

Hoy que te he visto he recordado las lágrimas que salían entre tus pestañas lisas, negras, largas, tus dedos cabezones limpiándolas, tus risas de burla, de chiste, de inquisición, de Colegio religioso.
He recordado tu voz clara y altiva cantando canciones que alguna vez escuchaste a tus padres.
He recordado tus ideas acerca del fondo del mar.

Hoy que te he visto he recordado todo acerca de mí.

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