viernes, 31 de diciembre de 2010

Circular

Circulares, infinitas, cuatro ideas volvían a su cabeza cuando sus manos no estaban ocupadas en sobrevivir. La terrible y paranoide ilusión de que sería asesinada en una esquina por un revolver negro y una sarta de insultos que anularían por completo de su espíritu la esperanza de confiar en sus semejantes; el deseo de golpear a la gente que aprovechaba las curvas para tocarla en los buses; el recuerdo de un chico noble que la había querido sin mesura en su ciudad natal con ojos dulces, paciencia y caricias que la invitaban a descansar en su ternura; y volvía y volvía el presentimiento de que el revolver apuntaría a su pecho en un día caluroso e impaciente después de que sus cinco dedos se hubieran marcado en el rostro del hombre asesino que escucharía su último deseo, su última súplica... que quien la había amado no la olvidara.

2 comentarios:

Godeloz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Godeloz dijo...

Es curioso, yo a veces también siento el arma de mi asesino oprimiéndome el pecho pero él todavía es invisible.
http://cronicasvagabundas.blogspot.com/2010/12/angel-exterminador.html

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