domingo, 8 de enero de 2012

-Miércoles de ceniza-


Ganador de una Mención de honor en el concurso nacional de cuento, organizado por Generación- El colombiano, año 2012.

Un gran  “NO” es el resumen de mi miércoles. No funciona, no les gusta nada, no lo hago bien. Reúno un par de monedas en mi mano temblorosa por el tinto y las empuño antes de salir de la oficina. La practicante se despide de mí, los demás siguen en su barullo infernal. En la calle, ruido. Una marea de sonidos diversos, rumores, pregones, gritos, gente que respira y susurra y reniega, palabras que se hacen remolinos en los caracoles de mis oídos que sólo necesitan descansar. 

Camino rápido, pero las frases recibidas durante el día me persiguen. 

-Eso es artistoide. No me gusta.
- Qué pena pero a mí eso no me toca.
- La verdad podrías ser mejor. Te falta mucho.

Rechazo tras rechazo. Uno sobre otro, apilados sobre mis hombros, dándole de comer a mi inseguridad. A medida que acelero el paso sueño con mi refugio de paredes amarillentas y cuadernos: mi cuarto, lejos del bullicio y la necesidad de agradar a otros, lejos de sus burlas disfrazadas de chistes baratos y sus comentarios ofensivos.

Me monto al bus. Hay ruido, mucho ruido. El busero le grita al conductor del lado, el tipo responde iracundo. No quiero escuchar...sólo necesito silencio... Una mujer con cara de perro grande y arrugado se monta saltando la baranda del vehículo para vender caramelos económicos. Grita:

-¡Para que los compartan con sus seres queridos! ¡Muuuchas graaacias!

Promociona unas tortugas rellenas de líquido. Consigue un par de billetes y se baja. Luego sube un tipo con un parlante que canta un rap sobre la calle, su mamá y Jesús que se mezclan en mi cabeza como un coctel nauseabundo de ruido y más ruido. Pienso en mi almohada como el único escudo contra la frustración del día, en el silencio que vendrá a curarlo todo. El tipo flaco repite:

-¡Cualquier colaboración amigos será bien recibida para comer, dormir y, por qué no amigos, para un vestir!

Más palabras, mil palabras que oprimen cualquier atisbo de paz que consigo entre el recuerdo de los ejecutivos, mis compañeros, sus palabras que circulan como gallinazos sobre mi cabeza cansada: "No, no y no lo haces bien". 

Salgo del bus aturdida; atravieso el sonido de los autos, las conversaciones circundantes, el piropo mascullado entre dientes por el portero y finalmente llego a mi puerta. Entro al hogar. 

Me siento en el sofá blancuzco que me parece en el momento el trono espléndido de un rey oriental. Respiro. No se escucha nada por unos segundos… el día parece desaparecer y no recuerdo ya las dudas ni las ofensas. Ya pasó. Está lejos, detrás de las paredes. Sus críticas no llegan, todos se han ido y yo estoy a salvo en casa. 

Pero de un momento a otro... suena, vuelve, una frase, otra, una imagen, una cara, las palabras, una multitud, una corriente de palabras. Lo descubro. El ruido se ha instalado dentro de mi pecho y ahora, de nuevo, me inunda dejándome sin descanso.
De "Lágrimas en la lluvia" por Rosa Montero

"Palabras bellas para ordenar las sombras y para serenar siquiera por un instante la furiosa tempestad del dolor".

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