sábado, 9 de junio de 2012

Una bandada de pájaros blancos atravesó el cielo que J observaba tendido sobre su brillante estera de colores. Cerró los ojos, queriendo obturar como una cámara fotográfica y nunca olvidar la belleza de su mañana de domingo. Olvidó su jaula horaria, hecha de infinitas casillas y pesadas líneas gruesas como barrotes indestructibles, que lo alejaban de esa cálida sensación que ahora lo invadía, y que le permitía casi percibir el palpitar de la tierra bajo su espalda.

 El último pájaro de la manada cruzó por el cielo, en zigzag, buscando en el azul a sus compañeros. J sonrió y como si por primera vez el universo y él estuvieran a solas, pronunció la más bella frase dicha jamás. J sintió un alivio extraño y respiró. La frase voló durante años por ciudades, puertos, mares y bosques, sin llegar a ningún lugar. Ronda todavía en el viento, esperando encontrar alguien que en un momento de soledad y sosiego esté listo para escucharla.  

1 comentario:

Sara (Sarisú) dijo...

Huy J, parce, yo lo entiendo. Uno tiene un montón de momentos que trata de obturar. Yo es que no sé en que parte de mi cabeza tengo la memoria expandible para guardar más y con mayor resolución...

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