domingo, 29 de diciembre de 2013

Terruño

Soy extranjera en tu tierra de calma,
de paciencia, de sosiego.
Admiro las costumbres de quienes, como tú,
se pasean por estos caminos de cielo amplio
y suelo firme con naturalidad,
ajenos a los ojos de los otros.
Desinteresados por los recovecos tontos
que inventan los demás.
Qué lindo se vive en tu tierra.
Creo que voy a construir en ella un hogar.

Bestias

Si encuentran los restos de mi carne y mis huesos
pero no ven las bestias,
busquen entre los dientes de la incertidumbre y la duda;
son ellas las culpables.

Asfixia

Mi asma irremediable
sólo tiene un remedio infalible...
el aire que tú me das.

jueves, 17 de octubre de 2013

La puerta

Este escrito es de hace varios años pero decidí publicarlo ahora que reapareció casualmente en mi vida. Aquí va. Espero que no haya envejecido mucho... 

Es definitivamente una distancia grande. Tú estás allá, al otro lado de la puerta y yo acá. Tal vez… sea mi culpa. O tal vez sea culpa de ambos. Existe y ya, como todo en la vida, que existe sin culpa. Tú me miras, con un poco de temor, de dolor, con un poco de ternura. No alcanzo a entenderlo desde donde estoy porque te veo borroso y lejano. Me digo que tú estás donde estás, detrás de esa puerta abierta y yo… yo estoy aquí, porque quisimos.  Jamás pensé que los diez centímetros del marco de una puerta pudieran ser una distancia tan grande, pero lo son… porque no sólo está la bisagra y la madera, está también el viento y el vacío y la luz y el movimiento y tus emociones y las mías, densas y pesadas como el aire de un ascensor. Sé que quisieras estar más cerca, lo puedo sentir... pero déjame decirte que es este un baile infinito donde yo me acerco y tú te alejas, donde tú te acercas y yo me alejo y siempre estamos a la misma distancia, es decir, siempre estamos lejos. Me miras, tienes ese aire de nostalgia permanente en los ojos… luego bajas la cabeza y te miras los zapatos y yo te los miro también… los veo al otro lado de esta puerta, ahí lejos… como nosotros, lejos por tanto, tanto, tanto tiempo… ¿Para qué todo lo que nos une si cuando queremos acercarnos llega el tramposo destino a poner una puerta y una cantidad enorme de aire entre nosotros? No sé. Somos paralelos. Seres paralelos… qué bonito, ¿no?


Pero qué triste…

domingo, 14 de julio de 2013

Sanguijuela

No te suelta.
Una vez encuentra un lugar
cómodo para preguntar
por lo que has hecho
y lo que no, aún.

Permanece.
Recorre las muñecas,
los hombros,
el pecho
y la cintura.

Te envuelve.  
Succiona.
Y se queda.

Hasta que te levantas con decisión 
y caminas hacia el balcón
para arrojar sobre la baranda
a la tristeza.
"El precio a pagar por abrir un camino nuevo en el bosque es nunca saber a dónde se va a llegar"- Cecilia.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Resbaladizos

Veo los niños caer al suelo.
Llorar al caer.
Algunos se rompen la frente,
otros sólo se golpean las manos.
Pasan a los brazos de su madre
o de su padre
o de una señora voluminosa que los carga
y los reconforta.

Los niños se preparan para el dolor,
el signo indeleble de la vida.
Se acostumbran, con un poco de suerte,
a compartir con él las noches y el café,
y a rogar en adelante
por unos brazos amables que vengan a reconfortarlos.

lunes, 28 de enero de 2013

Yo puedo intuir un mundo más justo y más hermoso,
porque puedo verte en las mañanas.

miércoles, 23 de enero de 2013

Luces callejeras

Sólo lo vi una vez, sin embargo puedo verlo perfectamente delineado en mi memoria de tanto repasar su imagen en el recuerdo. El sonido de los carros en la avenida del Poblado lo rodeaba, así como la luz de un poste alto y callejero, que arrojando su luz sobre la cabeza del chico permitía que un transeúnte, como yo, lo reconociera entre las tres bolsas negras que él escarbaba con los dedos. Podría haber pasado por un bulto más bajo el poste, pero la luz brilló intensamente sobre sus piernas que salían de la basura para gatear sobre la acera de piedritas ásperas y grises. Los rayos cenitales lo alcanzaban cada vez más tenuemente mientras él se alejaba de las sobras de comida y se acercaba a la sombra de unas escalas residenciales de donde salían las manos de mujer que lo llamaban, y que recibían, de cuando en cuando, un destello de las luces de los carros que pasaban por la Avenida, sin detenerse a mirar.

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