domingo, 14 de julio de 2013

Sanguijuela

No te suelta.
Una vez encuentra un lugar
cómodo para preguntar
por lo que has hecho
y lo que no, aún.

Permanece.
Recorre las muñecas,
los hombros,
el pecho
y la cintura.

Te envuelve.  
Succiona.
Y se queda.

Hasta que te levantas con decisión 
y caminas hacia el balcón
para arrojar sobre la baranda
a la tristeza.
"El precio a pagar por abrir un camino nuevo en el bosque es nunca saber a dónde se va a llegar"- Cecilia.

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