jueves, 17 de octubre de 2013

La puerta

Este escrito es de hace varios años pero decidí publicarlo ahora que reapareció casualmente en mi vida. Aquí va. Espero que no haya envejecido mucho... 

Es definitivamente una distancia grande. Tú estás allá, al otro lado de la puerta y yo acá. Tal vez… sea mi culpa. O tal vez sea culpa de ambos. Existe y ya, como todo en la vida, que existe sin culpa. Tú me miras, con un poco de temor, de dolor, con un poco de ternura. No alcanzo a entenderlo desde donde estoy porque te veo borroso y lejano. Me digo que tú estás donde estás, detrás de esa puerta abierta y yo… yo estoy aquí, porque quisimos.  Jamás pensé que los diez centímetros del marco de una puerta pudieran ser una distancia tan grande, pero lo son… porque no sólo está la bisagra y la madera, está también el viento y el vacío y la luz y el movimiento y tus emociones y las mías, densas y pesadas como el aire de un ascensor. Sé que quisieras estar más cerca, lo puedo sentir... pero déjame decirte que es este un baile infinito donde yo me acerco y tú te alejas, donde tú te acercas y yo me alejo y siempre estamos a la misma distancia, es decir, siempre estamos lejos. Me miras, tienes ese aire de nostalgia permanente en los ojos… luego bajas la cabeza y te miras los zapatos y yo te los miro también… los veo al otro lado de esta puerta, ahí lejos… como nosotros, lejos por tanto, tanto, tanto tiempo… ¿Para qué todo lo que nos une si cuando queremos acercarnos llega el tramposo destino a poner una puerta y una cantidad enorme de aire entre nosotros? No sé. Somos paralelos. Seres paralelos… qué bonito, ¿no?


Pero qué triste…

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