miércoles, 13 de mayo de 2015

Nunca un plan

Tengo un sol en el estómago. No es un sol propiamente, es una esferita pequeña pero tiene la misma forma que hemos decidido los humanos para el sol, entonces le digo sol. Es caliente y brilla. No siempre. Solo en ocasiones. Yo no tengo nada que ver con el artilugio. No sé de dónde vino, ni por qué está justo en mi estómago pero siempre ha estado ahí.

Noto que la gente se queda a mi lado en las conversaciones o en las filas, porque intuyen el sol (el calor por lo menos) y absorben su energía. Lo sé, lo percibo mientras me hablan. Tal vez ellos no. A veces piden tanto que durante días el pequeño objeto pierde su brillo y parece que no estuviera ahí. Yo lo extraño porque su tibia presencia, entre metálica y etérea, me ha acompañado desde que puedo acordarme.

Sólo cuando vuelve a sentirse- primero despacio, tímido, luego más intenso, muy intenso cuando hay otro sol cerca- la gente se me vuelve a acercar diciendo que quieren conversar.

Por años, la luz sólo alcanzó para ellos. Pero he tomado una decisión que no fue un plan, apareció como una determinación.

Voy a cerrar mis ventanas y mis puertas; y voy a hacerle silencio al pequeño sol, hasta encenderme.


martes, 12 de mayo de 2015

Como la maleza
creces por todas partes de mi mañana.
No importa cuantas veces quiera arrancarte.
Hoy todo amaneció vacío.
Los lulos maduros.
El piso. Las cortinas. Los vidrios.
Se acabaron las bolsas de basura incluso.
El aire amaneció frío
(tan raro en un domingo).
La mata de jade amaneció marchita,
y el frasco de café despicado.
Mi vacío se extendió sobre las cosas.

Niña león
domesticada con hierro
que llora con las rejas de hierro
los clavos y los tornillos de hierro
los marcos de las ventanas
y los rieles del tren.
Niña que llora
porque sabe que el león sigue vivo
y no descansarán
hasta acabarlo.


lunes, 11 de mayo de 2015

Mi cuerpo apunta hacia ti
(mi cuerpo que es la mejor brújula).
Mi deseo te busca paciente entre los mensajes que envías
(te mira escondido como un animal atraído por su instinto,
por su fuerza vital, por su lugar en el mundo).
Mi cuerpo sabe que, en últimas,
tu cuerpo es mi lugar en el mundo.

El animal

Somos hermanas.
Nos educó el mismo animal.
Como cachorros luchamos,
haciéndonos daño para afilar los dientes,
las garras.

El mismo animal
nos dio la misma misión:
no hacer ruido
pasar desapercibidas
no molestar
o molestar sin querer. 

Qué bien nos entrenó.
Qué bien nos dio el veneno.

Y me dices en los sueños que el veneno te ha hecho daño
que tienes el cuerpo enfermo
que te han salido verrugas
que no sabes cómo curarlas.

Me haces recitar qué he comido
todos los días
porque yo no tengo verrugas.

Pero sabes que comemos lo mismo,
que somos hermanas,
que vienen mis verrugas,
que nos educó el mismo animal enfermo.


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